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El Papa Pablo VI como profeta

Janet E. Smith

(1988)

 

En su encíclica Humanae vitae, publicada hace dos décadas (el 25 de julio de 1968), Pablo VI dio a conocer algunas audaces profecías. ¿Se han cumplido?

 

Resumen:

 

En este artículo Smith repasa y comenta las "profecías" hechas por Pablo VI. El Papa dio a conocer unas profecías generales sobre lo que sucedería, si se ignoraban las enseñanzas de la Iglesia acerca de la anticoncepción.

 

El Papa primero señaló "el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad" con el uso a gran escala de la anticoncepción.

 

Pablo VI también sostuvo que "el hombre" perdería el respeto por "la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico" llegaría a "considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera, respetada y amada".

 

El Papa también advirtió que la difundida aceptación de la anticoncepción pondría un "arma peligrosa. . .en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales."

 

La última advertencia que el Papa Pablo VI dio sobre la anticoncepción es que llevaría al hombre a pensar que tiene un dominio sin límites sobre su propio cuerpo.

 

El Papa Pablo VI también dio a conocer en la Humanae vitae varias profecías positivas, que se seguirían si la enseñanza contenida en ella era aceptada y puesta en práctica. El Papa reconoció que los esposos podrían tener dificultades para adquirir la auto-disciplina necesaria, para practicar los métodos de la planificación de la familia que requieren la abstinencia periódica, es decir, los métodos naturales. Pero pensó que ello era posible, especialmente con la ayuda de las gracias sacramentales.

 

J. Patalano

 

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Introducción

 

La profecía es algo difícil. Si un profeta predice que algo va a pasar y no sucede, entonces el profeta queda desacreditado. Pero, ¿qué pasa si predice la verdad? ¿No le da crédito la verdad de la predicción, el discernimiento, la autoridad y el razonamiento del profeta a aquello que constituye la fuente de su habilidad para profetizar? ¿No estaríamos inclinados a confiar en el que demostró ser un verdadero profeta?

 

Hace 20 años, Pablo VI “profetizó” en la Humanae vitae que los matrimonios y la sociedad sufrirían si el uso de los anticonceptivos era difundido a gran escala. Ahora, la gran mayoría de los cónyuges, al igual que los que no están casados, emplean alguna forma de anticoncepción. Parece que ahora es un buen momento para evaluar la legitimidad de la voz profética de la Humanae vitae. Porque si las "profecías" se han cumplido, si la anticoncepción ha sido responsable, por lo menos en parte, de los muchos problemas que hoy en día tenemos, entonces la enorme negligencia que se ha tenido respecto de esta encíclica ha sido imprudente, por no decir mucho más.

 

Sin duda, la encíclica no fue escrita para ser un documento profético. Fue escrita para ser un documento clasificador, con el propósito de presentar lo que la Iglesia enseña sobre la anticoncepción. La encíclica presenta esta enseñanza claramente, pero ha sido poco escuchada durante los últimos 20 años. Las estadísticas demuestran que pocos católicos viven conforme a esta enseñanza, y parece acertado suponer que pocos católicos han leído la Humanae vitae o han reflexionado sobre su contenido. La mayoría simplemente acepta la común opinión de que usar un anticonceptivo difiere poco de tomar una aspirina. Además, muchos teólogos cuestionan la verdad de la enseñanza y se dedican a establecer que los católicos tienen "derecho" a disentir de ella.

 

Ciertamente, cuando la Humanae vitae fue publicada, el 25 de julio de 1968, muchos estaban furiosos con la Iglesia por continuar manteniendo su visión “retrógrada” de que las relaciones sexuales son morales sólo cuando se mantiene su sentido procreador. Muchos pensaron que la Iglesia era un “obstáculo” en el camino del progreso y la felicidad humana. Estas personas "profetizaron" que la anticoncepción “resolvería”, o por lo menos “reduciría”, problemas sociales como la “sobrepoblación” y el embarazo fuera del matrimonio. Quizás aún con más ahínco, creyeron que la anticoncepción “mejoraría” la vida matrimonial al reducir la tensión sexual causada por el miedo al embarazo. Como ya hemos dicho, la Humanae vitae "profetizó" lo contrario. ¿De quién fueron las profecías que resultaron ciertas? ¿Ha tenido la anticoncepción un efecto bueno o malo en los matrimonios y la sociedad?

 

Antes de que analicemos las profecías de la Humanae vitae, debemos tener en cuenta que el Papa Pablo VI no basó su condenación de los anticonceptivos en predicciones de que su uso traería malas consecuencias. Al contrario, él situó la enseñanza de la Iglesia en la visión cristiana de la dignidad de la persona humana y el sentido del matrimonio, y sostuvo que la anticoncepción viola ambos. Los cristianos entienden que el matrimonio es una noble vocación, por medio de la cual Dios llama a los esposos a la importante empresa de traer nuevas vidas humanas al mundo. La Iglesia enseña que el usar la anticoncepción es rechazar a Dios y Su forma de transmitir la vida. La Iglesia no enseña que la anticoncepción es mala porque tiene malas consecuencias, sino que tiene malas consecuencias precisamente porque es mala, es mala en sí misma.

En el no. 17 de la Humanae vitae el Papa Pablo VI dio a conocer cuatro "profecías" bastante generales sobre lo que pasaría, si las enseñanzas acerca de la anticoncepción eran desestimadas. Nadie estaría más triste que él si supiera cuán ciertas resultaron sus “profecías”.

 

Primera profecía: Degradación moral

 

El Papa primero señaló que el uso a gran escala de la anticoncepción llevaría al "camino fácil y amplio...de la infidelidad conyugal y a...la degradación general de la moralidad". Es difícil negar que ha habido un amplio descenso en la vida moral, especialmente en la moral sexual durante los últimos 20 años. El aumento en el número de divorcios, abortos, embarazos fuera del matrimonio y enfermedades venéreas debe convencer a cualquier escéptico que la moral sexual no es el lado fuerte de nuestra época. Sería erróneo decir que la anticoncepción es la única causa de esta declinación moral, pero también sería inconcebible no contar a la anticoncepción entre los factores contribuyentes.

 

Considere el fenómeno del embarazo de jóvenes adolescentes como ejemplo de una fuente de miseria causada por la anticoncepción. Ya a los 19 años, 8 de cada 10 varones y 7 de cada 10 mujeres ha tenido relaciones sexuales. Cuatro de cada 10 jóvenes han tenido por lo menos un embarazo. Uno de cada 4 bebés de la raza negra nace de una madre adolescente; casi un tercio de madres adolescentes negras tienen un segundo bebé antes de que cumplan los 20 años. Casi un millón y medio de abortos ocurren cada año y cerca de un tercio de éstos (casi 400,000) son practicados en adolescentes. Más de 1 de cada 7 adolescentes han tenido por lo menos un aborto.

 

Estas cifras son deprimentes; también lo es su significado. Es inquietante el hecho de que parece ser que estas cifras se perpetúan a sí mismas; considere que alrededor del 80% de las muchachas que son madres a la edad de 15 años, son hijas de mujeres que tuvieron bebés cuando eran adolescentes. Dos tercios de todas las adolescentes que tienen hijos antes de los 19 años, se van de la escuela. Muchas de las jóvenes que quedan embarazadas fuera del matrimonio usualmente terminan como madres con necesidad de asistencia pública; sus hijos crecen sin un padre en la casa, con una madre inmadura, y con todas las desventajas de la pobreza. Más de la mitad de las mujeres que reciben la ayuda del gobierno para las familias con niños dependientes eran jóvenes antes de que tuvieran su primer niño.

 

Las consecuencias a largo plazo para estas jóvenes, sus niños, y la sociedad son incalculables. Apenas hemos comenzado a darnos cuenta del costo de las relaciones sexuales difundidas a gran escala, el costo de los hogares con un sólo padre y los hogares rotos. No es especulación el pensar que mucha de la dependencia a las drogas, el crimen, y el desajuste sexual se pueden deducir de una vida familiar enfermiza. Es muy duro para los niños que no tienen padres maduros y amorosos afrontar las exigencias de la vida mientras se resisten a las incitaciones a placeres fáciles de obtener y a otros modos de escape. ¿Y quién puede calcular el costo de la inseguridad, la imagen baja de sí mismo y otros problemas psicológicos experimentados por aquellos que no disfrutan de una niñez segura? Puede ser que estos problemas no lo incapaciten a uno, pero ciertamente hacen la vida mucho más difícil de lo que sería de otra forma.

 

No hay duda de que la anticoncepción está detrás de muchos de estos problemas. La anticoncepción ha hecho de la actividad sexual una opción mucho más popular de lo que era, cuando el temor al embarazo evitaba que un gran número de hombres y mujeres jóvenes tuvieran relaciones sexuales antes del matrimonio. La disponibilidad de la anticoncepción los ha llevado a creer que pueden tener relaciones sexuales prematrimoniales de manera “responsable". Pero los adolescentes son tan “responsables” en su uso de los anticonceptivos como lo son en todas las demás fases de sus vidas –tender la cama, limpiar el cuarto y hacer las tareas a tiempo.

 

Los estudios demuestran que más del 80% de las jóvenes que han tenido abortos han usado anticonceptivos. Saben de todo acerca de la anticoncepción, pero muchas veces escogen no usarla por varias de razones. Por ejemplo, no les gustan los efectos secundarios o no les gusta pensar de sí mismas que están "listas para tener relaciones sexuales". O se embarazan intencionalmente para forzar al joven a declarar sus intenciones.

 

Un argumento clásico ha sido que el acceso fácil a la anticoncepción debería reducir el embarazo adolescente; pero, de hecho, la anticoncepción parece que definitivamente ha agravado el problema. Efectivamente, los estudios demuestran que en los lugares donde se han intensificado los esfuerzos para proveer a los jóvenes de anticonceptivos, no ha habido una disminución clara en los embarazos entre las jóvenes, y en algunos casos ha habido aumentos.

 

Si el embarazo adolescente es un problema grande en nuestra sociedad, el aborto es un problema aún peor. ¿Cuál es la conexión entre la anticoncepción y el aborto? En los comienzos del movimiento provida la mayoría de las personas provida sostenían que el aborto y la anticoncepción eran problemas bastante distintos. Este argumento parecía tener una plausibilidad considerable, puesto que el aborto es el destruir la vida que ya ha comenzado, mientras que la anticoncepción (la que es verdaderamente anticonceptiva y no abortiva) impide que surja una nueva vida. Ciertamente, todos estarían de acuerdo con que la magnitud del mal moral del aborto es mucho mayor que el de la anticoncepción, pero muchos se dan cuenta ahora de que el uso a gran escala de la anticoncepción ha abierto el camino al aumento del número de abortos.

 

La mayoría de los abortos son el resultado de los embarazos no deseados, la mayoría de los embarazos no deseados son el resultado de las relaciones sexuales fuera del matrimonio, y la mayoría de las relaciones sexuales fuera del matrimonio son facilitadas por la disponibilidad de los anticonceptivos. Para volver esta "progresión" al revés: la anticoncepción lleva a más relaciones sexuales fuera del matrimonio; más relaciones sexuales fuera del matrimonio llevan a más embarazos no deseados; más embarazos no deseados llevan a más abortos. No hay muchas mujeres que se proponen usar el aborto como un "auxilio" a la anticoncepción que falla, pero no se puede negar que así sucede muy a menudo.

 

Tampoco dejemos de considerar cuántos abortos son el resultado de los anticonceptivos, cuando éstos funcionan técnicamente bien. Hay mucha evidencia que demuestra que las píldoras anticonceptivas a veces no evitan la ovulación. A veces una mujer que usa la píldora puede estar todavía ovulando y por consiguiente concibiendo. Si concibe cuando está usando la píldora, lo más probable es que aborte. Cuando la píldora hace hostil la pared uterina al óvulo fertilizado, la nueva vida no se implanta y muere una muerte temprana. Se cree también que el dispositivo intrauterino (DIU o IUD) casi siempre funciona de esa manera. Así pues, los DIUs y las píldoras no sólo contribuyen a que aumente el número de abortos, de hecho, causan abortos; son abortivos. ¿Está claro entonces que la anticoncepción es la mayor causa del aumento de los abortos?

 

Segunda profecía: Pérdida del respeto a la mujer

 

Pablo VI también afirmó que "el hombre" perdería el respeto a "la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico" llegaría "a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera, respetada y amada." Esta preocupación refleja lo que se ha llegado a conocer como un entendimiento "personalista" de la moral. Pablo VI no está aquí solamente preocupado de que los matrimonios quebranten cierta ley divina cuando usan la anticoncepción, aunque ésa es una justa preocupación para aquellos que entienden que están demostrando su amor a Dios al respetar Sus leyes, que son, después de todo, para nuestro beneficio. La comprensión personalista de la moral está basada en el respeto a la dignidad de la persona humana. El Papa se dio cuenta de que la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción tiene por objeto proteger el bien del amor conyugal. Cuando los esposos violan ese bien, no actúan de acuerdo con su dignidad intrínseca y, por lo tanto, ponen en peligro su propia felicidad. Al tratar sus cuerpos como instrumentos mecánicos para ser manipulados, corren el peligro de tratarse el uno al otro como objetos de placer.

 

Los que usan anticonceptivos ni siquiera tratan sus cuerpos muy respetuosamente como instrumentos. Resulta verdaderamente profético que el papa Pablo VI mencione los peligros de la anticoncepción para el "equilibrio físico y psicológico" de la mujer, en una época en  la cual estos peligros no eran bien conocidos. Hoy ya se están conociendo más. El DIU fue retirado durante un tiempo del mercado a causa de tantos juicios originados por el daño causado a las mujeres que lo usaban. La píldora anticonceptiva tiene una lista de "contraindicaciones" tan larga que es rara la mujer que no experimente algunas de ellas. Algunos médicos que han estudiado los efectos de las píldoras anticonceptivas han declarado que nunca dejarían que sus esposas o sus hijas las tomaran. El aumento perturbador de la infertilidad entre las mujeres es probablemente causado, por lo menos en parte, por el uso de la anticoncepción, pues ésta altera el delicado balance hormonal de la mujer durante muchos años. Otra gran fuente de infertilidad es el aumento de la frecuencia del contagio de enfermedades transmitidas sexualmente, un aumento ligado a una mayor promiscuidad sexual, que a su vez es facilitada por la muy difundida aceptación de la anticoncepción.

 

Las feministas también están comenzando a prevenir a las mujeres sobre los peligros de la píldora. Germaine Greer, una feminista muy conocida, ha escrito un grueso tomo, “Sex and Destiny” (“Sexualidad y destino”), en el cual regaña a las mujeres por su uso descuidado de la píldora. Yo la escuché hablar hace 10 años en una conferencia feminista donde regañaba a las mujeres en la audiencia por tomar la píldora, cuyos efectos no eran conocidos. Ridiculizó a las mujeres por tomar diariamente dosis masivas de químicos para contrarrestar un evento --la fertilidad-- que ocurre sólo unos días al mes, y unos días muy predecibles. Estaba más furiosa aún con el hecho de que la anticoncepción fuera impulsada en las mujeres del Tercer Mundo, quienes no tenían la información requerida para conocer los peligros del "medicamento" que se les obligaba a tomar.

 

¿Cuáles son los peligros para el equilibrio "psicológico" de las mujeres que usan la anticoncepción? Ciertamente, uno de los efectos secundarios de la píldora es la depresión, pero yo creo que aquí hay algo más. Pablo VI alertó que "el hombre" perdería el respeto por la mujer. El Papa se dio cuenta de que el uso de la anticoncepción incita al hombre a ver a la mujer, no como a una persona especial con sus propias necesidades y deseos, no como una mujer con una facultad maravillosa para procrear, sino como un objeto. Fácilmente puede llegar a verla como alguien de la que puede conseguir placer sexual, sin arriesgar la unión personal que resulta de la participación en las relaciones sexuales abiertas a la procreación.

 

La unión creada por las relaciones sexuales abiertas a la procreación necesita ser mejor comprendida. Las jóvenes muchas veces sienten preferencia por las relaciones "sin protección", pues sienten que se están dando más completamente a sus novios. Hay algo fundamentalmente correcto sobre este "sentimiento", aunque no, por supuesto, en las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Pocas chicas (no obstante los "vientres de alquiler") están dispuestas a tener relaciones sexuales procreadoras con alguien al que no aman, con el que no están dispuestas a compartir una vida entera de responsabilidades. Las relaciones sexuales "recreativas" admiten un número grande de compañeros, pues son compañeros sólo por un placer sexual momentáneo, no para compartir un proyecto de vida. La posibilidad de la procreación obviamente se refiere a tener hijos, que a su vez implica responsabilidades de por vida. Así pues, el tener relaciones sexuales procreadoras significa un compromiso mucho más profundo que el tener unas relaciones sexuales que están cerradas a la procreación. En las relaciones sexuales procreadoras, el hombre y la mujer están metiéndose mutua y potencialmente en un proyecto de por vida y están expresando un deseo de efectuar una unión así para toda la vida dentro del matrimonio.

 

Rara vez existe la "reciprocidad" en el uso de la anticoncepción. A menudo la mujer carga con esa responsabilidad y ella sufre más debido a los efectos secundarios de su uso. La planificación natural de la familia (PNF), por otro lado, requiere la cooperación de ambos esposos para tener éxito. Mientras que cuando se tienen relaciones sexuales con anticonceptivos, a menudo los hombres llegan a ver a las mujeres como objetos sexuales y desean tenerlas siempre a su disposición. Los hombres que usan la PNF aprenden a controlarse y empiezan a apreciar a la esposa, sus ciclos y sus necesidades. La PNF está basada en el respeto a la fertilidad del hombre y la mujer, y requiere una relación amorosa y respetuosa para su uso exitoso. Diremos más después sobre las diferencias entre la PNF y la anticoncepción, pero esta diferencia de responsabilidad mutua basada en el respeto es en sí misma un índice de la profunda diferencia entre las dos.

 

Es interesante ver que el índice de divorcio entre los matrimonios que usan la PNF es casi insignificante. Ciertamente, estos matrimonios tienen un compromiso con la indisolubilidad del matrimonio que a otros matrimonios les puede faltar, pero seguramente la mayoría de los matrimonios cuando se casan esperan no divorciarse nunca. Sin embargo, casi el 50% de los matrimonios hoy en día terminan en divorcio. El que el aumento del número de divorcios coincida con un aumento del uso de la anticoncepción, le infunde a uno la sospecha de que existe una conexión de causa y efecto de algún tipo entre los dos. Ciertamente, la anticoncepción hace más fácil la infidelidad, y la infidelidad lleva al divorcio. El bajar las barreras a la infidelidad puede no ser la razón primordial de la increíble proporción más alta de divorcios entre los matrimonios que practican la anticoncepción. Pero este análisis sugiere que los matrimonios que usan la PNF se comunican mejor y experimentan uniones más sólidas. La anticoncepción, entonces, en vez de ser un origen de felicidad en el matrimonio puede estar contribuyendo a su desintegración.

 

Tercera profecía: Imposición por parte del Estado del control demográfico

 

Pablo VI también advirtió que la aceptación general de la anticoncepción pondría un "arma peligrosa. . .en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales". La historia de los programas de “planificación familiar” en el Tercer Mundo es un sobrio testimonio de esta realidad. En los países del Tercer Mundo muchos son sometidos a la esterilización sin darse cuenta de lo que se les está haciendo. El programa de aborto forzado en China muestra el extremo al que los gobiernos pueden llegar al establecer programas de control de población.

 

Además, pocos están dispuestos a afrontar la creciente evidencia de que muchas partes del mundo ahora tienen que hacerle frente, no a un problema de “sobrepoblación”, sino de baja población. Va a tomar tiempo el revertir la legislación "anti-bebé" y las actitudes ya afianzadas en muchas sociedades. Francia y Alemania Occidental, por ejemplo, han tratado sin mucho resultado de aprobar leyes para hacer que el tener hijos sea más atractivo a sus matrimonios.

 

Cuarta profecía: Pensar que el hombre tiene un dominio ilimitado sobre su cuerpo

 

El último aviso que Pablo VI dio sobre la anticoncepción es que llevaría al hombre a pensar que tiene un dominio sin límites sobre su propio cuerpo. De nuevo, el Papa no especificó lo que tenía en mente, pero su preocupación parece bien fundada. Por ejemplo, la esterilización es ahora la forma de anticoncepción más ampliamente usada en EEUU. Las personas piensan que es tan apropiado el tener control sobre sus propios cuerpos que no vacilan en alterar su propia constitución. Nuevamente, no nos hemos empezado a dar cuenta de las ramificaciones físicas y psicológicas que trae a largo plazo la esterilización a gran escala. Estamos alterando sin pensar una de las fuentes principales de la felicidad y del placer humano: la capacidad de tener hijos.

 

El deseo de tener dominio sin límites sobre el propio cuerpo se extiende más allá de la anticoncepción. Lo vemos en muchas otras áreas de la vida. Los bebés hechos en tubos de ensayo son otra indicación de la renuencia a aceptar las limitaciones del cuerpo, como lo es la eutanasia y el uso de órganos para trasplantes de los que están casi muertos, es decir, de los que en realidad todavía están vivos. Queremos ajustar el cuerpo a nuestras necesidades, deseos e itinerarios; en vez de ajustarnos nosotros a sus necesidades y sus itinerarios.

 

Para cada uno de estos problemas hay sin duda un sin número de factores contribuyentes. Pero yo pienso que no es injusto el decir que el uso de la anticoncepción es uno de esos factores. Irónicamente, sus promotores la impulsaron para presuntamente “ayudar” a resolver algunos de estos problemas.

 

Profecías positivas

 

En la Humanae vitae, el Papa Pablo VI presentó profecías positivas al igual que negativas. Hizo un bosquejo de lo bueno que trae el seguir las enseñanzas de la Iglesia sobre la anticoncepción. Reconoció que los cónyuges podrían tener dificultades en adquirir el dominio propio necesario para practicar los métodos de planificación de la familia que requieren la abstinencia periódica, es decir, los métodos naturales. Pero pensó que ello era posible, especialmente con la ayuda de las gracias sacramentales.

 

En el no. 21 de la encíclica, expresó que “esta disciplina, propia de la pureza de los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más sublime. Exige un esfuerzo continuo, pero, en virtud de su influjo beneficioso, los cónyuges desarrollan íntegramente su personalidad, enriqueciéndose de valores espirituales: aportando a la vida familiar frutos de serenidad y de paz y facilitando la solución de otros problemas; favoreciendo la atención hacia el otro cónyuge; ayudando a superar el egoísmo, enemigo del verdadero amor, y enraizando más su sentido de responsabilidad. Los padres adquieren así la capacidad de un influjo más profundo y eficaz para educar a los hijos; los niños y los jóvenes crecen en la justa estima de los valores humanos y en el desarrollo sereno y armónico de sus facultades espirituales y sensibles”.

 

Este pasaje de la Humanae vitae es rara vez estudiado. Juan Pablo II, sin embargo, es un comentarista que reconoce su profunda sabiduría. Desempeña un papel central en sus reflexiones sobre la Humana vitae. Juan Pablo II enfoca su atención en la importancia del "dominio propio" para el uso apropiado de la sexualidad, y explica el sentido del cuerpo humano y de la persona humana y cómo ambos están relacionados con nuestra sexualidad.

 

A esta comprensión del hombre es fundamental la distinción entre lo que Juan Pablo II llama la "condición original" del hombre y su condición "histórica." En sus comentarios sobre el Génesis, el Papa explica que el hombre y la mujer fueron creados para ser una comunidad amorosa el uno junto al otro en el matrimonio. En esta condición original, el hombre y la mujer no experimentaron lujuria ni ningún desorden en sus pasiones. Por lo tanto podían amarse auténticamente sin las emociones problemáticas y las pasiones desordenadas que los hombres y las mujeres experimentan ahora.

 

Sin embargo, después del pecado original, penetró una gran cantidad de egoísmo en las relaciones humanas; los individuos fácilmente se explotaban uno al otro en el campo de la sexualidad, al igual que en cualquier otro campo. Para que el hombre y la mujer vuelvan a tener la relación de amor auténtico que sus corazones ansían, deben aprender a controlar sus pasiones desordenadas. Si no lo hacen, estarán expresando lujuria en vez de amor en sus relaciones sexuales en el matrimonio. En vez de darse mutuamente como un don y recibirse mutuamente como un don, se estarían imponiendo el uno al otro y usándose mutuamente. Pero si aprenden el dominio propio del que se habla en la Humanae vitae, cosecharán grandes frutos para su propia relación conyugal y para las demás relaciones de sus vidas, especialmente aquellas dentro de la familia.

 

El pasaje de la Humanae vitae citado anteriormente indica cuáles son algunos de estos frutos. Afirma que los cónyuges desarrollarán especialmente las dimensiones espirituales de sus personalidades. Habla de “la paz y la serenidad" que viene con la disciplina, una disciplina que fluye a otras dimensiones de la vida. Quizás lo más importante es que los esposos se vuelven generosos; empiezan a preocuparse más por el bienestar de sus cónyuges, en vez de sí mismos --sin subestimar el valor del testimonio que dan a sus hijos y a otra gente joven.

 

Una persona que practica la PNF me dijo que dicha práctica era un gran testimonio para cumplir con su compromiso con unos muchachos jóvenes en su trabajo, a quienes estaba tratando de aconsejar el dominio propio ante el libertinaje sexual. Estaban impresionados con este argumento, a saber, que si él podía acostarse en la misma cama con la mujer que él amaba, su esposa, y controlar sus deseos sexuales, ellos también podían controlar sus deseos sexuales con las muchachas con las que estaban saliendo a bailar o al cine. La gente joven percibe las actitudes ante la sexualidad que tienen los adultos, si sus padres le tienen reverencia al sentido de la sexualidad. Si sus padres han aprendido a ejercer el dominio propio, es más probable que los jóvenes sean responsables de su propia sexualidad y practiquen la abstinencia antes del matrimonio.

 

Algunos piensan que existe poca diferencia entre el uso de la PNF y la anticoncepción, pues ambos, los que usan anticonceptivos y los que practican la PNF, quieren espaciar los nacimientos de sus hijos. Pero los que usan la PNF obtienen ese espaciamiento por medio del dominio propio, logrando un dominio interior de sí mismos. Por otro lado, los que usan anticonceptivos buscan ese dominio por medio de un control técnico de sus cuerpos. Ciertamente, los que usan la anticoncepción y los que usan la PNF están de acuerdo en que hay una gran diferencia entre las dos; ninguno cambia fácilmente de una a la otra. Los que usan anticonceptivos son generalmente renuentes a probar la PNF, porque tienen miedo de que los haga perder el control sobre una parte que ellos consideran muy importante para sus vidas, piensan que estarían lanzando su destino al viento. No sienten mucho alivio con las repetidas afirmaciones de que la PNF es una forma tan eficaz de planificar la familia como la forma más eficaz de anticoncepción (hablamos de la eficacia puramente técnica en este momento, sin referirnos, por el momento, a la dimensión moral). Uno siente, sin embargo que no es el método en lo que desconfían, sino de ellos mismos y de la fortaleza de su matrimonio. Aunque hayan tenido que abstenerse muchas veces en su matrimonio por razones de enfermedad y separación prolongada, creen que no es sabio el planear abstenerse deliberadamente.

 

A los que practican la PNF, por otro lado, les repulsa el pensar en usar anticonceptivos. Aunque puedan experimentar grandes deseos sexuales durante los períodos de abstinencia, la idea de comprar y usar un anticonceptivo es repugnante para ellos. Para ellos, la anticoncepción entendida como algo que viola la dignidad humana no es una frase elevada y abstracta, sino que es casi una sensación física. Ciertamente, la mayoría de ellos ha luchado con la PNF y con sus deseos sexuales. Les resulta más fácil a los que han sido castos antes del matrimonio y nunca han usado anticonceptivos. Pero muchos luchan con la irritabilidad que la abstinencia les puede causar; luchan con tratar de vivir con su frustración sin desquitarse con sus cónyuges. Eventualmente, aprenden a comunicarse mejor con sus cónyuges acerca de sus sentimientos sexuales y, de hecho, acerca de todos sus sentimientos. Aprenden la virtud del dominio propio. Una vez que han progresado en ello, les aseguran a otros matrimonios que el dominio propio enriquece la vida de amor, en vez de hacerle daño; mejora la relación con el cónyuge de uno, en lugar de perjudicarla.

 

Juan Pablo II habló recientemente sobre la enseñanza de la Iglesia acerca de la anticoncepción como parte del "patrimonio permanente" de la Iglesia. Veinte años de descuidar la Humanae vitae han producido suficientes consecuencias desagradables, como para colocarnos en la situación de reconocer qué imprudente y peligroso es desperdiciar este patrimonio. Los matrimonios exitosos y la felicidad de los matrimonios que practican la PNF sugieren que cuando hayamos reclamado este patrimonio, empezaremos a experimentar los gozos y los beneficios que casi habíamos olvidado.

 

En la Humanae vitae, el Papa Pablo VI les imploró a los sacerdotes, a los médicos, a los educadores y a los esposos que promovieran las enseñanzas de la encíclica. Juan Pablo II ha reiterado esta súplica. Es hora de que todos hagamos lo que podamos para responder a ese llamado, pues los beneficios serán para nosotros y serán muy grandes.

Janet E. Smith fue profesora auxiliar de estudios generales de la Universidad de Notre Dame. Escribió un libro que se titula “Humanae Vitae: A Generation Later” (“Humanae vitae: Una generación después”), que fue publicado por Catholic University Press, en Washington, DC, en 1991.

 

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