Homilía
para el domingo dedicado a la planificación natural de la familia
(23 de
julio de 1989)
Hoy nos
referiremos a la planificación natural de la familia (PNF) en
todas las parroquias de la diócesis de Lincoln [Estado de Nebraska,
EEUU]. Hace 21 años, un 25 de julio, el Papa Pablo VI publicó
su encíclica titulada "Humanae Vitae," en la que reafirmó
oficialmente la oposición de la Iglesia Católica al uso de los
anticonceptivos, la esterilización y el aborto, y apoyó el uso
de los métodos naturales para espaciar los nacimientos cuando
los esposos tienen serios motivos para hacerlo. El tema designado
para el domingo dedicado a la PNF este año es "La planificación
natural de la familia: Regalo de Dios a los matrimonios".
Veamos cómo las lecturas de hoy se aplican a este tema.
En la
primera lectura, tenemos a un matrimonio de edad avanzada, temeroso
de Dios, Abraham y Sara, extendiendo la típica hospitalidad del
Medio-Oriente a sus huéspedes. Uno de ellos pregunta a Abraham,
"¿Dónde está Sara, tu esposa?" Él responde: "Está
dentro de la tienda". El huésped continúa: "Volveré
el año próximo y entonces Sara, tu mujer, tendrá un hijo".
Sara, quien tristemente no había tenido hijos durante todos esos
años, tendrá un hijo. Y así fue.
Todavía
existen matrimonios incapaces de tener hijos. Se habla mucho de
los matrimonios que usan anticonceptivos o la esterilización o
que hasta recurren al aborto para evitar los hijos. Pero tendemos
a olvidar a aquellos matrimonios, que son muchos más de lo que
podríamos pensar, que son incapaces de tener hijos a causa de
una baja fertilidad o de infertilidad. La PNF fue desarrollada
originalmente para ayudar a los matrimonios con este problema
y ha demostrado ser muy eficaz.
Pero
siempre quedarán matrimonios que continuarán cargando la cruz
de la infertilidad por el resto de sus vidas. Debemos rezar para
que Dios les dé la fuerza de seguir viviendo con paciencia todos
los días Su voluntad. Oremos para que tengan buenos amigos que
los ayuden en sus momentos de desaliento y que actúen como los
brazos y la voz de Dios cuando un embarazo deseado no ocurra o
el proceso de adopción se vuelva largo y tedioso. Estos matrimonios
deben ser modelo para aquellos otros matrimonios que se oponen
a las inconveniencias de la paternidad.
En nuestra
segunda lectura, San Pablo les dice a los colosenses: "Estoy
cumpliendo en mi carne lo que resta a los padecimientos de Cristo
en pro de Su cuerpo, que es la Iglesia". Después de su conversión,
Pablo hizo una entrega total de sí mismo a Cristo y a la gente
que servía, la Iglesia. Les recordó a los colosenses que Jesús
hizo lo mismo: se dio totalmente a sí mismo cuando murió por nosotros
en la cruz, pero que algo quedaba por hacerse todavía: nos llamó
a que cada uno de nosotros a completar la entrega, añadiéndole
el don total de nosotros mismos.
Este
concepto de hacer un don total de nosotros mismos está vinculado
con la PNF. Siempre ha sido la enseñanza de la Iglesia que el
misterio de la unión entre marido y mujer lo diseñó Dios para
ser una unión totalmente íntima (no simplemente una unión casi
íntima o usualmente íntima) y una unión totalmente vulnerable.
Al igual que Jesucristo no puso límites ni condiciones a Su amor
por nosotros, tampoco nosotros debemos hacerlo. Esto es así especialmente
en la unión conyugal, donde marido y mujer han jurado darse totalmente
y sin reservas el uno al otro para toda la vida.
La Iglesia
Católica continúa condenando el uso de los métodos artificiales
de control de la natalidad, como la esterilización, las píldoras
anticonceptivas, el dispositivo intrauterino (DIU o IUD) y otros
métodos, no sólo porque intentan esterilizar el acto conyugal,
sino porque destruyen este elemento de entrega total entre marido
y mujer.
En nuestro
diario esfuerzo por ser como Cristo en nuestra entrega total,
nunca es aceptable recurrir al uso de cualquiera de estos métodos
artificiales de control de la natalidad. No solamente destruyen
el elemento del total don de sí, sino que también destruyen, por
causa de su naturaleza de pecado mortal, la vida de Dios en el
alma. Algunas veces, como puede ser el caso de la píldora anticonceptiva
y el DIU, pueden destruir la vida nueva en sus más tempranos comienzos.
La píldora y el DIU no son 100% eficaces en impedir la ovulación
o la concepción, y siempre debemos ser conscientes de sus capacidades
abortivas.
La PNF,
cuando es utilizada para espaciar el número de hijos por razones
justificadas para hacerlo, está libre de estos elementos inmorales
que son tan intrínsecos a los métodos artificiales. La PNF respeta
totalmente la naturaleza de la sexualidad humana tal y como fue
diseñada por Dios. Es mucho más que un método natural de planificación
familiar; es una forma de vida. Es un método que se comparte en
plenitud entre ambos, el esposo y la esposa. Respeta la persona
y la dignidad del acto conyugal, dejándolo abierto a la posibilidad
de una nueva vida. Conlleva sacrificio a veces, cierta auto-negación,
cierta creatividad de desarrollar otras maneras de comunicar el
amor y de mostrar afecto. No considera la disciplina y la restricción
como imposibles, inauditos o inhumanos. Es una forma de vida que
está firmemente enraizada en la fe en Jesucristo y Su Iglesia.
Así se aplica la castidad al estado matrimonial. Después de todo,
no solamente los solteros o los jóvenes o los religiosos están
llamados a vivir vidas castas y puras.
Así pues,
hoy tenemos la oportunidad de reafirmar a quienes han escogido
vivir una vida casta, a pesar de las dificultades que esto implica.
También es nuestra oportunidad de animar a otros a que tomen la
misma decisión.
Al fin
y al cabo, o escuchamos a Dios y a Su Iglesia, o al mundo que
nos seduce para que tomemos el camino fácil en la vida. Jesús
no tomó el camino de su conveniencia; ni tampoco aconsejó a sus
seguidores a que lo tomaran. Al contrario, los exhortó a que pagaran
el precio completo y lo siguieran.
Los matrimonios
que usan la PNF han escogido un método de planificación familiar
que les ayudará, no les obstaculizará, en su peregrinación al
Cielo. Como María en el Evangelio de hoy, han escogido "la
mejor parte." La PNF no es la ruta más fácil de acuerdo con
los criterios de la sociedad, pero en la mente de Dios, que es
lo que realmente cuenta cuando todo está dicho y hecho, es la
mejor, porque Él la diseñó, y nos amó tanto que nos la dio como
don Suyo.
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