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Humanae vitae: Un tesoro escondido

Una profesora universitaria explica la lógica y las lecciones de la encíclica que hizo época

Janet E. Smith

 

Resumen:

 

En este artículo Smith afirma que la mayoría de sus estudiantes ignoran la verdadera posición de la Iglesia sobre la anticoncepción artificial. La mayoría piensa que la Iglesia menosprecia la sexualidad y la considera como un bajo instinto humano. Asumen, dice Smith, que la Iglesia no tiene muy buenas razones para su enseñanza.

 

Smith declara que sus estudiantes responden favorablemente a la enseñanza de la Iglesia después de leer la Humanae Vitae. Se dan cuenta que la Iglesia ve el matrimonio como una vocación: como un estado de vida al que una persona ha sido llamada por Dios.

 

Smith desarrolla las cuatro características del amor conyugal, que se mencionan en el número 9 de la encíclica. El amor conyugal es completamente humano, total, fiel y exclusivo hasta la muerte, y el amor conyugal también coopera con los esposos para que sean generosos a través de su apertura a la vida.

 

Una vez que los estudiantes empiezan a captar la importancia de los hijos para un matrimonio y para Dios, comienzan a ver que puede haber algunos problemas morales al usar la anticoncepción.

 

Finalmente, Smith explica cómo la planificación natural de la familia (PNF) no obstruye la naturaleza unitiva y procreadora del acto conyugal.

 

J. Patalano

 

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Como parte de mi clase de ética en la Universidad de Notre Dame, los estudiantes estudian el problema de la moralidad de la anticoncepción. Cuando presento el tema, les pregunto cuántos de ellos piensan que la anticoncepción es moral, más del 90% levanta la mano. Luego pregunto si conocen las razones por las cuales la Iglesia condena la anticoncepción. Unos pocos, si acaso, alzan la mano. Finalmente, pregunto si creen tener derecho a dar una opinión, aún menos una opinión firme, sobre un tema acerca del cual han leído y pensado poco o nada. Se muestran un poco avergonzados, pero no es raro que alguno de ellos argumente que conoce muchos católicos buenos e inteligentes que están en desacuerdo con la enseñanza de la Iglesia. Por consiguiente, se sienten con razón para asumir que la Iglesia no tiene muy buenas razones para su enseñanza.

Un evento de hace varios años puso al descubierto la falsedad de esta suposición. Ese año, algunos estudiantes planearon un debate entre uno de mis colegas, que se había burlado de mi apoyo a la enseñanza de la Iglesia, y yo. Al comenzar el debate, afirmé que pocos de aquellos que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción han leído, estudiado, reflexionado, o rezado acerca de la Humanae vitae, la encíclica que expone la enseñanza de la Iglesia en esta materia. En ese momento, mi oponente se sonrojó y tuvo la honestidad de admitir que él no había leído la Humanae vitae hasta esa tarde. También admitió que había disentido de ella desde el comienzo y había vivido contradiciéndola durante muchos anos. Sobra decir que los estudiantes estaban sorprendidos y apenados.

 

Después de esa experiencia, los estudiantes tienden a volverse receptivos a lo que la Iglesia tiene que decir. Y se sorprenden de lo que encuentran. Se acercan al estudio de este tema con una vaga impresión de que la Iglesia menosprecia la sexualidad y de que ve el deseo sexual como un bajo instinto humano. Ocasionalmente piensan que la Iglesia manda a los esposos a tener cuantos hijos puedan tener biológicamente. Ciertamente piensan que los métodos de planificación de la familia que exigen abstinencia no pueden ser muy efectivos. Pero después que leen la Humanae vitae y tienen la oportunidad de plantear algunos de los problemas que un buen número de ellos tiene, llegan a aceptar la sabiduría de la Iglesia acerca de la anticoncepción. Los otros pueden no estar convencidos, pero están indecisos en su oposición, pues han visto que la enseñanza de la Iglesia es más respetable de lo que habían pensado inicialmente.

 

Siempre sorprende a los estudiantes aprender que la Humanae vitae no trata exclusivamente acerca de la anticoncepción y las reglas morales de las relaciones sexuales. Cuando leen la Humanae vitae, encuentran que la enseñanza de la Iglesia está enraizada en una comprensión integral de la naturaleza humana, del matrimonio y del lugar de los hijos en el matrimonio.

 

Les encanta reflexionar sobre el sentido del matrimonio como una vocación --como un estado de vida al cual la persona es llamada por Dios. Los estudiantes comienzan a ver que el matrimonio no es sólo un convenio para una cita de por vida los sábados por la noche, sino que es un compromiso que hunde sus raíces en las profundidades mismas de la persona humana y las nutre.

 

Parece ser nuevo para ellos que el matrimonio es uno de los estados de vida que Dios ha creado como una forma especialmente apropiada para vivir la vocación cristiana. La vocación al matrimonio, como la de ser cristiano, es un llamado a vivir una vida llena de amor. Y como la vocación cristiana, la vocación al matrimonio es un llamado a la perfección, una perfección que se logra siendo un fiel amante de su cónyuge y siendo un buen padre o madre para sus hijos (Humana Vitae, no. 8).

 

La sección 9 de la Humanae vitae describe cuatro características del amor conyugal. Lo describe como plenamente humano y explica que este amor debe "crecer mediante las alegrías y los dolores de la vida cotidiana, de forma que los esposos se conviertan en un solo corazón y en una sola alma y juntos alcancen su perfección humana".

 

La segunda característica se parece a la primera: afirma que el amor es total. Es "una forma singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente todo, sin reservas indebidas o cálculos egoístas”.

 

Tercero, el amor conyugal debe ser "fiel y exclusivo hasta la muerte".

 

Estas tres características del amor conyugal asisten a las parejas a ser cada vez más amorosas y menos egoístas. Los esposos deben volverse generosos y deben aprender a poner la felicidad del otro antes de la suya, si van a tener un matrimonio duradero. Los estudiantes comprenden que el amor desinteresado es lo que une al matrimonio y es la fuerza que sana las heridas y los resentimientos inevitables que se acumulan entre los esposos. Saben que la persona humana prospera y crece en una relación íntima y amorosa, y ven cómo el matrimonio es el contexto apropiado para nutrir este amor.

 

El amor conyugal también ayuda a los esposos a volverse menos egoístas por medio de su apertura a una nueva vida. No sólo el matrimonio, sino también la paternidad ayudan a los individuos a volverse amantes abnegados. Los estudiantes actuales, por extraño que parezca, no se dan cuenta de la conexión íntima entre el amor, el matrimonio, los hijos y las familias. Su primera preocupación en cuanto al matrimonio es encontrar a alguien que sea su compañero para toda su vida. Raramente ven más allá hacia el papel de los hijos en sus relaciones y las familias que van a crear. Cuando leen la Humanae vitae descubren que Dios instituyó el matrimonio no sólo como una fuente de amor consolador para los esposos, sino también como un medio de traer nuevas vidas humanas al mundo. Humanae Vitae se refiere a esta cuarta característica del amor conyugal como "fecundidad," o apertura a una nueva vida. Cita la encíclica Casti connubii del Papa Pío XI sobre el matrimonio a este efecto: "El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole. Los hijos son, sin duda, el don supremo del matrimonio y contribuyen de sobremanera al bien de los propios padres”.

 

Para los estudiantes esta forma de pensar que considera que los hijos son un "don," no una carga llena de problemas, y que los hijos "contribuyen de sobremanera al bien de los propios padres” es utópica.

 

En cualquier diálogo que tengo con los estudiantes acerca de la moral y las distintas libertades que ellos desean, mis mejores triunfos se basan en hacerlos considerar cómo un padre de familia vería cualquier cuestión que esté en discusión. Una vez que se empieza a pensar como padre en vez de como un soltero sin responsabilidades, todo se mira diferente. Uno naturalmente quiere proteger a sus hijos de cualquier clase de problemas; uno quiere formar la sociedad de manera que sus hijos puedan ser libres y prosperar y no estar sujeto a la explotación por parte de los terribles males que hay en el mundo. De esa manera, los hijos ayudan a madurar a sus padres, creando la oportunidad para que ellos se preocupen del mundo a su alrededor.

 

Cuando los estudiantes leen la sección de "Paternidad Responsable" en la Humanae vitae, comienzan a ver qué vocación tan sublime es la paternidad. Nuevamente, muchos en nuestra sociedad tienden a pensar que los hijos son como una carga o, en el mejor de los casos, como un tipo de opción ---algo para llenar su tiempo, como un hobby o un nuevo automóvil o una casa de verano. Pero la Iglesia tiene una noción infinitamente más elevada de la paternidad. Enseña que los hijos son un don y que los padres son "co-creadores" con Dios cuando tienen un hijo. Y como los hijos están destinados a una unión sobrenatural con Dios, los padres tienen la enorme responsabilidad de criar a sus hijos para ser merecedores de esta unión.

 

Una vez que los estudiantes empiezan a comprender la importancia de los hijos para el matrimonio y para Dios, comienzan a ver que puede haber problemas morales con el uso de la anticoncepción. Comienzan a ver que la anticoncepción puede estar atravesada en el camino de lo que Dios tiene planeado para el matrimonio. Pero sí se preguntan por qué si está bien alterar otras funciones corporales, tomar medicina y usar instrumentos de ayuda como los anteojos -- ¿por qué no está permitido moralmente alterar la fertilidad? La mayoría comprende rápidamente la distinción entre los tratamientos que reponen el cuerpo a su condición de funcionamiento natural y sano, y tratamientos como la anticoncepción, que frustran el funcionamiento natural del cuerpo.

 

Otros ven fácilmente que la fertilidad no es solo una función física entre otras, sino que está relacionada profundamente con quiénes somos y con el tipo de valores con los que estamos comprometidos. A menudo les gusta la descripción que hace el Papa Juan Pablo II de las relaciones sexuales como un tipo de comunicación que debe ser honesta. El Papa afirma que "el lenguaje del cuerpo" debe ser auténtico con el sentido que tiene escrito en él. La Humanae vitae sostiene que las relaciones conyugales tienen dos "sentidos": un sentido unitivo y un sentido procreador. Ordinariamente se piensa que la infidelidad es el mayor pecado contra el sentido unitivo del matrimonio y que la anticoncepción es el mayor pecado contra el sentido procreador del matrimonio. Pero el Papa Juan Pablo II mantiene que la anticoncepción es una violación del sentido unitivo al igual que al sentido procreador del matrimonio. Su posición implica que los esposos no están verdaderamente experimentando la clase de unión que corresponde al matrimonio cuando están usando los anticonceptivos.

 

¿Qué querrá Juan Pablo II decir con esto? El deseo de tener un hijo con otra persona es un deseo de compartir una unión de por vida con el otro, pues los hijos representan una responsabilidad de por vida. Por lo tanto, aquellos que tienen relaciones sexuales que están abiertas a la procreación, están diciendo con sus cuerpos que están dispuestos a una unión de por vida con el cónyuge. Este es el mensaje del matrimonio, el sentido del matrimonio; y la anticoncepción niega ese sentido.

 

El Papa Juan Pablo II dice que los que participan en las relaciones sexuales anticonceptivas están mintiendo con sus cuerpos; sus cuerpos están expresando un deseo para un cierto tipo de unión que ha sido falseada por el uso de la anticoncepción. Él explica que la anticoncepción niega también la necesidad en el matrimonio de una experiencia de entrega total. Los que usan la anticoncepción están negando su fertilidad a sus cónyuges. Y el rehusar la fertilidad propia es negar una parte íntima, una parte personal que es particularmente propia para compartirse en el matrimonio (la unión por medio de la cual los dos cónyuges se vuelven una sola carne).

 

Al escuchar todo esto, algunos estudiantes se vuelven tan entusiastas acerca del sentido de las relaciones sexuales sin anticonceptivos que piensan que también la planificación natural familiar (PNF) debe ser mala, pues es un medio de limitar el tamaño de la familia. La mayoría se da cuenta que en ciertos momentos puede ser responsabilidad de los esposos querer limitar el tamaño de la familia, pero también se cuestionan como es que un método designado impedir los hijos puede ser moral.

 

Hay varias secciones en la Humanae vitae que se refieren a esta pregunta. La sección 11 señala que "como atestigua la experiencia, no necesariamente después de cada acto conyugal surge una nueva vida. Dios ha dispuesto con sabiduría leyes y ritmos naturales de fecundidad que, por sí mismos, distancian los nacimientos." La encíclica señala que Dios es la fuente de los períodos infértiles de la mujer. También sostiene que las parejas deben tener serias razones para recurrir a los períodos infértiles pues, nuevamente, parte de su vocación es ser padre de la nueva vida que Dios quiere en este mundo. Pero, si tienen tales razones, no hay nada de malo en limitar sus relaciones conyugales a los períodos infértiles provistos por Dios. Los esposos no están actuando contra Su voluntad en estos actos, mientras que los que usan anticonceptivos actúan contra las intenciones de Dios durante los períodos fértiles.

 

Algunos estudiantes naturalmente mantienen sus reservas acerca de la abstinencia requerida por la PNF y la efectividad de la PNF. Se asombran al aprender que la PNF es tan efectiva como los medios más efectivos de la anticoncepción. Igualmente se maravillan al aprender que los matrimonios que usan la PNF conversan habitualmente acerca de los beneficios de la abstinencia.

 

Los que usan la PNF reportan con prontitud que a veces la abstinencia es muy difícil y puede causar un poco de tensión en la relación. Eventualmente, sin embargo, el esposo y la esposa aprenden a tener mayor dominio propio, aprenden a comunicarse mejor uno con el otro, y aprenden una multitud de formas correctas de expresar afecto. Su experiencia corresponde con la afirmación que hace la Humanae vitae de que a mayor desprendimiento, tendrán mayor serenidad y paz vendrán al seguir la disciplina que enseña la Iglesia.

 

Y finalmente, a los estudiantes actuales, muchos de ellos provenientes de hogares quebrantados y todos ellos con amigos de hogares deshechos, les atrae la PNF por los informes que hay de que existe poca o ninguna incidencia de divorcios entre las parejas que usan la PNF. Han visto el daño que puede hacer el divorcio y no quieren tener parte en él. Desean tener un matrimonio plenamente humano, total, exclusivo y fiel del que habla la Humanae vitae.

 

La encíclica también es muy eficaz en convencer a los estudiantes, al establecer que rechazar la anticoncepción y su efecto "anti-hijo", es uno de los mayores medios para asegurarse que sus matrimonios serán todo lo que ellos quieren que sean. Empiezan a darse cuenta de que ser un cristiano significa ser generoso con Dios y que al tener hijos, al estar abierto a la procreación, están entrando en una relación maravillosa con Dios.

 

Los estudiantes también comienzan a ver que el Papa Pablo VI tenía razón cuando "profetizó" que la sociedad sufriría mucho, si el uso de la anticoncepción se difundía. Comprenden sin dificultad la conexión entre el uso a gran escala de la anticoncepción y la proporción fenomenal de relaciones sexuales prematrimoniales y extra-matrimoniales. Comprenden que el uso de la anticoncepción puede dar a las personas un falso sentido de seguridad y que cualquier bebé concebido fuera del matrimonio será el primer candidato para el aborto. Se preocupan mucho al escuchar que muchas formas de anticoncepción (el dispositivo intrauterino o DIU y la píldora anticonceptiva) funcionan causando abortos tempranos. Les enfurece que esta información no se les ha dado. Finalmente, encuentran paradójico que una práctica que se suponía que "libraría" a las mujeres, se ha convertido en fuente de muchas angustias para ellas, no siendo la menor de éstas el que los hombres tiendan a verlas más como objetos sexuales.

 

Pocos reconocen la sabiduría de la Humanae vitae en gran parte, porque pocos la leen, la meditan y ponen en práctica lo que ella enseña. Este año [1988] es el vigésimo aniversario de esta gran encíclica. Ahora es el momento de leerla y releerla, y leer las directrices que el Papa Juan Pablo II nos ha dado para entenderla, como Familiaris Consortio y sus catequesis sobre la teología del cuerpo, el matrimonio y la propia Humanae vitae. Si lo hacemos, podemos encontrar, como muchos de mis estudiantes lo han hecho, que hay un tesoro escondido en las enseñanzas de la Iglesia, un tesoro que está esperando ser descubierto.                                   

 

La Prof. Janet E. Smith enseña en el Programa de Estudios Generales de la Universidad de Notre Dame. Es presidente de la junta directiva del Women's Care Center en South Bend, un centro provida que brinda ayuda a mujeres embarazadas. Su libro Humana Vitae: Twenty Years Later (Humanae Vitae: Veinte años después) fue publicado por Catholic University Press en  

 

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