El papel de la anticoncepción en aumentar los abortos
Rubén
Obregón
Es una
suposición común que la anticoncepción reduce el número de abortos
en EEUU. Sin embargo la historia de la anticoncepción y del aborto
en los 60 y 70 demuestra que esto es incorrecto.
En los
60, el estatus legal de los anticonceptivos y la capacidad de
las parejas casadas de usarlos variaba de estado a estado. La
mayoría de los estados tenían restricciones respecto a cómo los
anticonceptivos podrían ser distribuidos y quién podía usarlos.
El Tribunal Supremo de EEUU desempeñaría un papel fundamental
en el incremento del acceso a la anticoncepción durante este período,
al declarar que varias restricciones estatales eran anticonstitucionales.
Aunque
comenzó mucho más temprano, la revolución sexual empezó a hacer
importantes avances a mitad de los 60. La introducción de la píldora
anticonceptiva llevó la revolución a nuevas alturas. La píldora
rápidamente ganó aceptación, y para 1965, el 4.9% de las adolescentes
casadas estaban usando o habían usado anticonceptivos orales [1].
La anticoncepción
se hizo más accesible para las parejas casadas en 1965, cuando
el Tribunal Supremo terminó con las restricciones de Connectitut
contra el uso y posesión de anticonceptivos por las parejas casadas
(Griswold v. Connecticut). Este caso histórico proporcionó el
marco adecuado para posteriores decisiones sobre la anticoncepción
y el aborto. De hecho, uno podría decir que este mismísimo marco
condujo a que el Tribunal desechara las restricciones estatales
sobre el aborto. Desde un punto de vista legal, el marco para
la anticoncepción legalizada condujo al aborto legalizado en EEUU.
.
A pesar
de las restricciones estatales, las mujeres casadas no eran las
únicas que estaban tomando la píldora. En 1965, el periódico estudiantil
de la Universidad Brown publicó la historia de un médico de esa
universidad que había recetado anticonceptivos orales para dos
estudiantes solteras [2]. Para 1966, doce instituciones estaban
recetando anticonceptivos a estudiantes solteras [3]. Las estudiantes
universitarias no eran las únicas que estaban participando en
la revolución sexual, las adolescentes de las escuelas preparatorias
también se subieron al tren.
A diferencia
de los otros métodos de anticoncepción usados en los 50, la píldora
ofrecía comodidad. Aunque la píldora no causó la revolución sexual,
ciertamente la amplificó y cambió la percepción de las personas
sobre el propósito de la sexualidad humana. Si la revolución sexual
había estado en su etapa embrionaria en los 50, la llegada de
la píldora la llevó a la madurez en los 60.
La píldora
le vendió la idea a la sociedad de las relaciones sexuales sin
procreación, y la mentalidad anticonceptiva echó raíces.
Los
adolescentes no fueron inmunes a esta nueva visión de la sexualidad.
Debido a las regulaciones estatales, los anticonceptivos no eran
tan fáciles de obtener para ellos como lo son ahora, pero eso
no detuvo el impulso de la revolución entre ellos. Esto se vio
reflejado en el continuo aumento del porcentaje de mujeres entre
15-19 años que se involucraron en tener relaciones sexuales prematrimoniales
[4]. Dependiendo de sus circunstancias, técnicamente la anticoncepción
no era ilegal para muchos adolescentes. En muchos estados, los
adolescentes podían obtener anticonceptivos durante esos años
si estaban casados o si tenían el consentimiento de sus padres
[5].
Aunque
había muchas formas de anticoncepción disponibles, no fue sino
hasta 1972, con la decisión del Tribunal en Eisenstadt v. Baird,
que la anticoncepción estuvo ampliamente disponible para las mujeres
solteras.
Durante
este período, las legislaturas estatales estaban reduciendo la
mayoría de edad de los 21 años a 19 y a 18, lo cual a su vez permitió
a más adolescentes el acceso a la anticoncepción [6]. A fines
de 1974, por lo menos 45 estados y el Distrito de Columbia habían
establecido el derecho al consentimiento de las mujeres solteras
de 18 años [7]. Además, 23 estados y el Distrito de Columbia reconocieron
el “derecho” de los menores de 16 años a obtener anticonceptivos
[8].
Nueva
York permaneció como el único estado que prohibía la venta de
anticonceptivos sin receta a las menores de 16 años. Esto cambiaría
en 1977 cuando el Tribunal Supremo desechó estas restricciones
con su decisión Carey v. Population Services International [9].
Durante
el curso de estos desarrollos legales, el porcentaje de mujeres
entre 15 y 19 años que alguna vez se involucraron en relaciones
sexuales prematrimoniales continuó aumentando. Los números se
elevaron del 30.4% en 1971 al 43.4% en 1976, y aumentaron de nuevo
al 49.8 % en 1979 [10].
Mientras
el número de adolescentes cada vez mas jóvenes se volvían sexualmente
activos, y el número de mujeres tanto casadas como solteras tuvieron
un aumento en el acceso a los anticonceptivos, la tasa de abortos
se incrementó.
En 1972,
la tasa de aborto para todas las mujeres entre 15 y 19 años era
de 19.1 por cada 1000 mujeres (incluyendo las mujeres casadas).
Esta cifra saltó al 34.3 en 1976, y al 42.4 en 1979 [11].
Las tasas
de aborto no disminuyeron con el aumento del acceso a la anticoncepción.
Por el contrario, aumentaron también. Así mismo se incrementaron
las tasas de embarazo. Lo único que disminuyó fue la tasa de nacimientos
(debido al aumento en los abortos).
Esta
breve historia muestra una relación entre la anticoncepción y
el aborto, pero no explica cómo la anticoncepción lleva a un aumento
en el número de abortos.
La mentalidad
anticonceptiva sostiene que la sexualidad humana es principalmente
para el placer, y que los hijos son opcionales. Ello constituye
el adhesivo que une la anticoncepción con el aborto. Esta mentalidad
condujo a un aumento en el número de mujeres y hombres solteros
que se involucraron en relaciones sexuales prematrimoniales a
edades cada vez más jóvenes durante los 60 y 70.
Esta
mentalidad propició un falso sentido de seguridad respecto de
la prevención de embarazos no planeados y una actitud laxa hacia
el riesgo del embarazo en general. La preocupación sobre el embarazo,
algo que había detenido a muchos a involucrarse en relaciones
sexuales prematrimoniales, lentamente se erosionó.
La anticoncepción
es imperfecta, y aún con el uso perfecto de la misma, las mujeres
siguieron embarazándose. Este es un factor crítico en el hecho
de que el difundido uso de la anticoncepción ha resultado en un
aumento de tasas de aborto [12]. El número de adolescentes sexualmente
activos en aumento, combinado con las tasas de falla de la anticoncepción
y con el rechazo a un embarazo inesperado, alimentaron la demanda
de abortos durante los 60 y 70. La historia nos muestra que aunque
la anticoncepción no resulta en un aborto por cada embarazo inesperado,
el aumento en los números de embarazos inesperados resultó en
un aumento en los abortos.
El hecho
de que una cantidad cada vez mayor de personas estén involucradas
en tener relaciones sexuales prematrimoniales sin siquiera usar
anticoncepción, también se considera un factor en el aumento de
los abortos. Paradójicamente, la mentalidad anticonceptiva no
fomenta el aumento en el uso de anticonceptivos o en el uso perfecto
de los mismos. En vez de esto, fomenta el aumento en las relaciones
sexuales prematrimoniales, con o sin anticoncepción.
Los 60
y los 70 demuestran que la anticoncepción no reduce el aborto
ni lo hace infrecuente. Al contrario, este período de tiempo prueba
que la anticoncepción conduce a la demanda de abortos en nuestra
cultura. Los promotores de la anticoncepción parecen olvidar esto
cuando piden aumentos en los gastos para los anticonceptivos.
Es interesante el hecho que los mismos argumentos que se usaron
en los 70 se están repitiendo ahora: acceso fácil, mejor calidad,
y más fondos para la anticoncepción --una fórmula que ha fallado
miserablemente en reducir los abortos durante las últimas tres
décadas.
(c) 2006
by Ruben Obregon, all rights reserved – Derechos reservados.
Rubén
Obregón es el Presidente y co-fundador de “No Room for Contraception”
(“No debe haber espacio para la anticoncepción”). Ha trabajado
en el movimiento a favor de la familia durante los últimos 16
años en temas que van desde la educación hasta el matrimonio.
La versión original en inglés de este artículo se encuentra en:
http://www.noroomforcontraception.com/Articles/Role-Of-Contraception-Increased-Abortion.htm.
Notas:
[1]. Ryder
N, Westoff C, Use of Oral Contraception in the United States,
1965, Science magazine, 9 September 1966, Volume 153, Number 3741.
[2]. The Pill: A Prescription for Equality, Part 3, Excerpted
by David Allyn Available at http://www.enotalone.com/article/3961.html
[3]. Goldin C, Katz L, The Power of the Pill: Oral Contraceptives
and Women's Career and Marriage Decisions, Journal of Political
Economy, Fall 2001, Department of Economics Harvard University,
National Bureau of Economic Research. Available at: http://www.econ.cam.ac.uk/contacts/marshlec/2002lecture2.pdf
[4]. Hofferth S, Kahn J, Baldwin W, Premarital Sexual
Activity Among U.S. Teenage Women over the Past Three Decades,
Family Planning Perspectives, Volume 19, Number 2, March/April
1987.
[5]. Goldin, op. cit.
[6]. Goldin, op. cit.
[7]. Paul E, Pipel H, Wechsler N, Pregnancy, Teenagers
and the Law, 1976, Family Planning Perspectives, Volume 8, Number
1, January/February 1976.
[8]. Ibid
[9]. High Court Rules Minors Under 16 Can Buy Contraceptives;
Overturns Restrictions on Contraceptive Sales, Advertising, Family
Planning Perspectives, Volume 9, Number 4, July/August 1977.
[10]. Hofferth, op. cit.
[11]. U.S. Teenage Pregnancy Statistics:National and State
Trends and Trends by Race and Ethnicity, Guttmacher Institute,
“Table 2.3 Rates of birth, abortion and pregnancy, per 1,000 women,
and numbers of births, abortions, miscarriages, pregnancies and
population, all among women aged 18–19, by year, 1972–2003”, Page
6. Available at http://www.guttmacher.org/pubs/2006/09/12/USTPstats.pdf
[12]. Marston C, Cleland J, Relationships Between Contraception
and Abortion: A Review of the Evidence, International Family Planning
Perspectives, Volume 29, Number 1, March 2003. Available at: http://www.guttmacher.org/pubs/journals/2900603.html
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