La
planificación natural de la familia no es un método católico de
control de la natalidad
Padre
Thomas J. Euteneuer
Presidente
Human
Life International
Quisiéramos
abordar el tema de por qué la planificación natural de la familia
(PNF) no es simplemente un “método católico de control de la natalidad”
– como algunos han dicho. Para ello, es importante clarificar
exactamente cuál es realmente la enseñanza de la Iglesia
acerca de la transmisión de la vida humana.
Primero,
lo que la Iglesia quiere decir con “apertura a la vida” es simplemente
que ningún acto conyugal debe ser directa y deliberadamente
hecho estéril por medio de fármacos, dispositivos o cirugías
realizadas con el propósito de frustrar la fertilidad. Esta postura
constituyó hasta 1930 el consenso de todas las confesiones cristianas,
y no solamente de la Iglesia Católica. Y ha sido siempre entendida
como la razón por la cual las Escrituras han visto la esterilidad
como una maldición cuando es elegida deliberadamente. Cuando la
Iglesia dice que cada acto conyugal debe estar abierto a la vida,
¡no quiere decir que de cada uno de esos actos debe venir un niño!
Dios mismo ha creado ciclos de fertilidad en el organismo femenino,
de tal manera que ni siquiera es posible que la mayoría
de los actos conyugales sean fértiles.
Segundo,
la enseñanza de la Iglesia es que los matrimonios no deben esterilizar
tampoco sus intenciones. Es decir, no se trata solamente
de que el acto conyugal no esté separado de la vida de Dios, sino
de que tampoco lo esté el corazón de las personas que se supone
sean co-creadores con Dios y que siguen Su mandamiento de “sed
fecundos y multiplicaos”. Cualquier medio que rechace la soberanía
de Dios sobre la fertilidad o el acto conyugal es pecaminoso.
Tercero,
la Iglesia enseña no solamente que el acto y la intención son
importantes cuando se trata de tomar una decisión moral acerca
de tener hijos, sino también las circunstancias de los
esposos. Los matrimonios pueden usar legítimamente los períodos
infértiles para el acto conyugal, cuando tienen una razón grave
o justa para espaciar los nacimientos de sus hijos. Ello significa
que si bien la actitud de generosidad respecto de tener hijos
es de importancia primordial, la Iglesia también reconoce que
hay momentos en que los matrimonios tienen una razón legítima,
no egoísta, para espaciar los nacimientos de sus hijos. El Papa
Pablo VI le llamó a esto “paternidad responsable” en su encíclica
Humanae vitae de 1968, asumiendo siempre que los matrimonios
utilizarían la razón y el discernimiento fruto de la oración a
la hora de decidir posponer el tener hijos por razones justas.
El llamado a ser generosos no debe entenderse nunca como una violación
de la razón o como una manera de aplastar a la gente que vive
en condiciones degradantes o inhumanas.
Tampoco
se debe olvidar que la PNF no sólo es eficaz para espaciar los
nacimientos, ¡sino también para lograr el embarazo! Ello también
es una necesidad legítima de muchos matrimonios del mundo actual.
Estas
enseñanzas constituyen el fundamento de por qué la PNF no debe
ser considerada un “método católico de control de la natalidad”.
Si bien es cierto que un matrimonio que practique la PNF y otro
que use la anticoncepción puede que logren el mismo fin de evitar
un embarazo, los medios para ello son muy diferentes. Los
matrimonios que usan la PNF no esterilizan ningún acto conyugal,
sino que, por el contrario, cooperan con los ciclos naturales
sin frustrar su fertilidad. Los matrimonios que usan la PNF basan
la necesidad de posponer los embarazos en razones graves y justas
y no en meras consideraciones de estilo de vida. La PNF fomenta
una actitud de generosidad ante la transmisión de la vida, actitud
que la anticoncepción rechaza. Y lo más importante es que los
matrimonios que usan la PNF practican el dominio propio por medio
de la práctica de la continencia periódica cada mes, una disciplina
que es extraña a los matrimonios que usan anticonceptivos.
Los escépticos
no le llaman irrealista a la PNF porque ésta tenga un expediente
de fracasos, ¡sino usualmente porque no la han intentado practicar!
Finalmente,
la anticoncepción engendra egoísmo, falta de dominio propio y
muy fácilmente lleva al aborto. Si la “cultura” de la muerte se
caracteriza por la promiscuidad, las relaciones rotas, los actos
conyugales hechos estériles y en última instancia por la matanza
de bebés por medio del aborto, entonces la PNF es su antídoto.
La PNF constituye el cambio cultural que transformará esta
“cultura” de la muerte en la cual vivimos. No en balde los matrimonios
que practican la PNF generalmente tienen un índice de divorcio
mucho más bajo y un índice de estabilidad y satisfacción marital
mucho más elevado. Se conoce a un árbol por sus frutos, ¡como
dice el Evangelio!
Termino
esta catequesis sobre la PNF lanzando un reto a todas las personas
solteras a que vivan en castidad hasta el matrimonio. Ésa es la
mejor preparación para la práctica de la continencia periódica
en el matrimonio. También lanzo un reto a todos los matrimonios
a que de verdad estén abiertos a la invitación de Dios a ser co-creadores
con Él en el acto de traer una nueva vida al mundo. De esa manera
no sólo estarán edificando una familia, sino también el Reino
de Dios y, en última instancia, estarán poblando el cielo con
los hijos de Dios.
Esta
información fue publicada por Human Life International en la edición
de la primavera del 2008 de su boletín “Seminarians for Life International”
y por Vida Humana Internacional en la versión en español de esa
misma edición.
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