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La planificación natural de la familia, ¿acaso no se trata del Ritmo?

Padre Paul Marx, OSB, PhD

Fundador de Human Life International

 

Los métodos de la administración natural de la fertilidad (ANF) me han interesado durante toda mi vida. Aún cuando estaba en el seminario (1942-47), me preguntaba por qué la Iglesia no llevaba a cabo una intensa investigación acerca de la planificación natural de la familia (PNF), y por qué no enseñaba una teología y una metodología al respecto. Tanto entonces como ahora, el control de la natalidad ha sido un enorme problema.

 

El enseñar cursos de preparación al matrimonio durante varios años en dos universidades católicas acrecentó mi interés en la PNF, así como también los muchos retiros que dí a matrimonios jóvenes después de la guerra. En la Universidad St. John, en Minnesota, EEUU, solían llamarme “Padre Ritmo” y “Padre Temperatura”. A través de los años, patrociné ocho simposios sobre la PNF, la cual aún hoy en día es confundida con el antiguo método “del ritmo”.

 

De hecho, la mujer posee un patrón rítmico de fertilidad e infertilidad que le es único. El antiguo Calendario del Ritmo fue un método para espaciar los nacimientos tan eficaz como los pecaminosos preservativos y diafragmas de aquel tiempo, siempre y cuando los esposos entendieran el sistema reproductor y los medios para calcular las fases, y no hicieran trampa. En 42 años de ministerio sacerdotal, cada vez que los matrimonios me decían que la PNF les había fracasado, si eran francos y honestos, les podía demostrar en el 99% de los casos que nunca habían entendido o no habían seguido de verdad este método o estilo de vida.

 

Permítame darle una breve historia de la PNF y una breve descripción de sus cuatro métodos principales. En 1923, un famoso ginecólogo y cirujano japonés, el Dr. H. Ogino—luego de operar a miles de mujeres, de estudiar sus ovarios y de llegar a conocer en qué día del ciclo menstrual se encontraban—escribió sus hallazgos en un clásico informe de carácter científico, que fue publicado en una revista japonesa de medicina. Las conclusiones de este consumado científico nunca han sido refutadas.

 

Ogino encontró que las mujeres ovulan entre el día 12 y el día 16 antes del comienzo del próximo período menstrual. Si una mujer mantenía un registro de sus ciclos durante uno o dos años, podría, por medio de la aplicación de una cierta fórmula a los ciclos más largos y más cortos, calcular la fase fértil de su próximo ciclo.

 

Ése era el antiguo método del ritmo, que también se llegó a llamar el Calendario del Ritmo, a menudo tan injustamente vilipendiado. Hoy en día es el Modelo T de PNF, objeto de burla por medio del calificativo de “ruleta del Vaticano”, por parte de cínicos e ignorantes. A propósito, el Dr. Herman Knaus, un ginecólogo austríaco inclinado a la investigación que trabajaba en Praga, descubrió en 1929 más o menos la misma fórmula que Ogino, sin que hubiera ninguna confabulación entre los dos.

 

La gran desventaja del método Ogino-Knaus era la cantidad de abstinencia sexual que se requería en los casos de ciclos menstruales severamente irregulares de muchas mujeres, especialmente durante el tiempo de la premenopausia. La autoridad de mayor prestigio en cuanto al ciclo menstrual, el Profesor A. E. Treloar, ha demostrado que lo único regular del ciclo femenino es su irregularidad. La idea de un ciclo de 28 días es sólo un promedio estadístico.

 

Durante bastante tiempo, se ha sabido que cuando una mujer ovula, la hormona progesterona se activa en su sistema. Ello causa un aumento de la temperatura de su cuerpo de cuatro a seis décimas de un grado. Debido a que usualmente sólo hay un óvulo por ciclo, que puede vivir no más de 24 horas y a menudo mucho menos que eso, un aumento de la temperatura durante tres días indica que el óvulo ya ha muerto. Desde ese momento en adelante la mujer es infértil hasta la menstruación. Este fenómeno se ha llegado a conocer como el ritmo de la temperatura.

 

Debido a las diferencias de longitud de los distintos ciclos y a la incapacidad para predecir el día de la ovulación, las relaciones conyugales tenían lugar demasiado tarde en la primera mitad del ciclo, el óvulo y el espermatozoide podían encontrarse, y podía surgir un embarazo. Pero ello podía ser remediado por medio de la aplicación del antiguo cálculo de Ogino-Knaus a la primera parte del ciclo.

 

El gran genio de la ginecología, el Dr. Rudi Vollman, de origen judío y ya difunto, de quien aprendí mucho, demostró que este cálculo, aunado a la observación de la temperatura basal del cuerpo, logró que hubiera muy pocos embarazos entre 600 mujeres que había estudiado durante la II Guerra Mundial en Suiza (a donde escapó de Hitler). Los resultados de este clásico estudio nunca han sido refutados.

 

El gran físico inglés, Sir Isaac Newton, dijo una vez que todo científico se yergue sobre los hombros de los que le precedieron. Ello también es cierto en el caso de la PNF. Durante mucho tiempo se sabía muy bien que la mucosidad cervical desempeñaba una función esencial en cuanto a lograr un embarazo. La gran contribución de los Drs. John y Lyn Billings, de Australia, fue precisamente desentrañar los misterios de esa mucosidad.

 

Los Billings demostraron que al observar los cambios cualitativos de la mucosidad cervical, los matrimonios podían predecir el comienzo del tiempo fértil. Por medio de la combinación de esta mucosidad y de las indicaciones del aumento de la temperatura, los matrimonios tenían un medio lo más eficaz posible para espaciar las concepciones de sus hijos, muy poco inferior a la pecaminosa esterilización. Ello ha sido demostrado científicamente.

 

Hay algunos que están persuadidos de que todo lo que se necesita para practicar la PNF es observar la mucosidad cervical. Ello se conoce como el Método de la Ovulación, el Método Billings o el Método de la Mucosidad. Otros dicen que algunas mujeres no se pueden confiar solamente a la observación de la mucosidad. En todo caso, el añadir la indicación de la temperatura y otros síntomas, para cuya explicación no tenemos el espacio aquí, constituye lo que se llama el “Método Sinto-Térmico”.

 

La autoridad viviente más prestigiosa sobre la PNF, el Dr. Joseph Roetzer de Austria, ha tenido un índice fantástico de éxito a través de los años con muchos clientes en los países de lengua alemana. El Dr. Thomas Hilgers, del Instituto Pablo VI, dice que la PNF, si se conoce bien y se practica adecuadamente, tiene una efectividad de más del 95%, mayor aún que la de la pecaminosa píldora anticonceptiva. La organización de PNF más grande y más eficaz del mundo es la Liga de Pareja a Pareja (P.O. Box 111184, Cincinnati, Ohio 45211 USA), y fue fundada por el persistente John Kippley en 1971. Kippley dice que su grupo ha capacitado a tantos maestros que si los obispos de EEUU exigieran el aprendizaje de la PNF antes del matrimonio, se les podría enseñar a prácticamente todas las parejas de novios que están comprometidos para casarse.

 

A través de la historia, la Iglesia Católica ha sido plenamente coherente en cuanto a la PNF. Por ejmplo, San Agustín (354-430) mostró en sus escritos que estaba consciente de alguna manera de la existencia de períodos rítmicos de fertilidad e infertilidad en el ciclo menstrual, a pesar de que el óvulo no fue descubierto hasta 1829. En su monumental encíclica Casti connubii (1930), el Papa Pío XI reafirmó contundentemente 20 siglos de doctrina cristiana sobre el control de la natalidad, contra la Conferencia Anglicana de Lambeth de ese mismo año, que había aceptado la anticoncepción artificial. El Pontífice recomendó la PNF a los matrimonios que tenían dificultades. En 1951, el Papa Pío XII impartió dos poderosas conferencias a los médicos católicos, en las cuales les suplicó que investigaran y enseñaran acerca de la PNF.

 

El Papa Juan Pablo II ha escrito y predicado sobre la PNF y también la ha promovido más que todos sus predecesores juntos—y ha hablado y escrito desde la perspectiva de una experiencia y práctica docentes mucho más amplias. Como Cardenal y Arzobispo de Cracovia, les pidió a sus sacerdotes que nunca fueran testigos de un matrimonio de una pareja de novios jóvenes, que no hubieran aprendido la manera de administrar su fertilidad que Dios mismo ha inscrito en la naturaleza humana, para los casos en que la necesitaran utilizar por graves motivos. (HLI le suministró información acerca de la PNF.)

 

Como era un hombre práctico, estableció un curso de preparación al matrimonio de varias sesiones, los temas del cual eran el verdadero amor conyugal; la maldad de la anticoncepción, la esterilización y el aborto; la teología del cuerpo; el don de los hijos; y la bondad de la PNF. Este curso pre-matrimonial era un requisito. Varias versiones del mismo se difundieron pronto por toda Polonia. De hecho, mucho antes del Concilio Vaticano II, los obispos de Polonia habían aprendido por amarga experiencia que la anticoncepción sólo conduce al aborto.

 

El hecho de que muchos no les hayan prestado atención a las súplicas y recomendaciones acerca de la PNF de los Papas Pío XI, Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II, constituye una gran tragedia, sobre todo si se considera el desorden que han causado en todo el mundo la anticoncepción, la esterilización, el aborto, la fornicación, las enfermedades de transmisión sexual y el SIDA, así como el aparente estado terminal en que se encuentran el Occidente y la Iglesia en esa región de la tierra.

 

La PNF moderna es un medio razonable y eficaz de administrar la natalidad. Es muy beneficiosa para la salud física, psicológica, moral y espiritual. No tiene ninguna de las desventajas de la anticoncepción. Cualquier sacerdote que haya trabajado en serio con la PNF, sabe que su uso ayuda al desarrollo de matrimonios sólidos. Más aún, estos matrimonios se vuelven provida de forma connatural, porque valoran su fertilidad y le cobran reverencia al plan de Dios.

 

Estoy seguro de que una de las principales razones por la cual no se enseña y promueve la PNF es simple y llanamente la ignorancia. Pasaron muchos años en mi ministerio sacerdotal, hasta que me topé con otro sacerdote que sabía lo suficiente acerca del ciclo reproductor como para entender la PNF. Hay tanta gente que no entiende bien el sistema reproductor, que ello causa que muchos se traguen el mito de que el “ritmo” no funciona.

 

Ello, estoy convencido, también explica por qué muchos no aceptan la Humanae vitae. Simplemente piensan que no hay manera de administrar la fertilidad, excepto controlándola por medio de la anticoncepción. No tienen la más mínima idea de que la mujer es infértil la mayor parte del tiempo, ni de que la mujer es una de los mamíferos femeninos más infértiles que existen. Los animales copulan; pero las personas humanas deben relacionarse y tener relaciones sexuales de manera amorosa y ordenada (en el contexto de un matrimonio cristiano).

 

Es evidente que Dios creó el acto conyugal con el doble propósito de promover la unidad (el amor) y la procreación, es decir, el estar siempre abiertos a la vida. Cuando la procreación de una nueva vida no es aconsejable, la limitada abstinencia (de ocho a nueve días) se convierte en la expresión de amor del matrimonio. ¿O es que usted prefiere la idea que tenía Martín Lutero: “El propósito del matrimonio no es tener placer y ser indolente, sino procrear y criar hijos, para sostener un hogar”?

 

Ni una sola de las siete facultades católicas de medicina en EEUU y Canadá enseña la PNF, permitiendo así que los médicos que se gradúan de ellas sean ignorantes y antagónicos. Y es raro encontrar a un teólogo católico que la conozca y esté interesado. Los profesores de seminario que he conocido tampoco sabían acerca de la PNF.

 

No hay muchos seminarios en EEUU hoy en día que traten de forma aceptable el tema de la PNF, a pesar de que el Papa Juan Pablo II, en el número 33 de Familiaris consortio, dijo que “todos los jóvenes adultos antes del matrimonio” deben conocer el singular sistema reproductor del ser humano. Hoy en día, todavía se están ordenando sacerdotes sin esta indispensable información pastoral. De hecho, la mayoría deja el seminario pensando que los disidentes, como el Padre Charles Curran, tienen razón y que la Iglesia está equivocada, a pesar de la monumental evidencia que apunta en sentido contrario.

 

Ahora se ha vuelto algo evidente para cualquier observador agudo, como también el Papa Pablo VI de forma tan elocuente lo expresó en la Humanae vitae, que la anticoncepción produce toda clase de males, incluyendo el aborto. Ello lo saben mejor que nadie los mismos que promueven este crimen.

 

Por ejemplo, el Dr. Malcom Potts, famoso por su promoción de la anticoncepción en todo EEUU, dijo: “En la medida en que la gente use anticonceptivos, habrá, no una disminución, sino un aumento del índice de abortos”. Y la abortista inglesa, la Dra. Judith Bury ha observado: “La evidencia es contundente de que, contrariamente a lo que uno esperaría, la disponibilidad de la anticoncepción produce un aumento del índice de abortos”. Podría repetir cien declaraciones similares de los que promueven la anticoncepción.

 

Los que han estudiado la historia del negocio del control demográfico saben que hace décadas, esta gente malvada sabía que la anticoncepción nunca sería suficiente, y que la esterilización y el aborto eran absolutamente “necesarios”. (¿Dónde estábamos nosotros los cristianos?) Hoy, la prueba está en Brasil, donde aproximadamente el 30% de todas las mujeres en edad fértil han sido esterilizadas y donde se aborta ilegalmente a por lo menos 1,5 millones de bebés cada año. La combinación mortal de la esterilización y el aborto está siendo difundida por todo el mundo hoy en día, por medio de un inmenso financiamiento.

 

Estas son las razones por las cuales, luego de 70 años de vida y 42 de ministerio sacerdotal, estoy completamente convencido de que no hay mucho que vaya a cambiar que sea favorable a la familia. Ni tampoco vamos a rescatar a la familia del actual desorden sexual, hasta que enseñemos otra vez la virtud tan esencial que es la castidad, y elaboremos cursos de preparación al matrimonio que sean eficaces y mandatorios, que enseñen la Humanae vitae y también la Familiaris consortio, documentos que constituyen el plan de promoción y educación para la vida familiar.

 

Pero no se puede enseñar una castidad amorosa en el aislamiento. Por ello es que necesitamos una renovación completa de la instrucción catequética, para que incluya las virtudes—especialmente la virtud de la castidad, que controla el poderoso impulso sexual, el cual, si no se controla, nos produce la clase de mundo en el cual nos ha tocado vivir. Desde luego, sin una formación espiritual, la virtud es imposible.

 

Yo por lo menos no puedo excusar a los padres que no les dan a sus hijos un buen ejemplo de lo que es la PNF. El mejor curso de castidad y de preparación al matrimonio es el ejemplo inteligente y amoroso de unos padres que viven un hermoso amor conyugal casto y amorosamente fecundo.

 

Esta información fue publicada por Human Life International en la edición del otoñp del 2007 de su boletín “Seminarians for Life International” y por Vida Humana Internacional en la versión en español de esa misma edición.

 

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