La vida y el amor en el acto conyugal
Monseñor
Cormac Burke
Hasta
hace poco, el argumento católico en contra del control de la natalidad,
ha sido básicamente que el acto sexual está naturalmente diseñado
para la procreación, y no es correcto frustrar este propósito
porque es un error interferir con las funciones naturales del
hombre. Pero, se puede dar una respuesta a esta objeción, y en
efecto se ha dado. Nosotros interferimos con otras funciones naturales
del cuerpo, por ejemplo, cuando usamos tapones para los oídos
o sujetamos nuestra nariz, etc.; y nadie ha argumentado en ningún
momento que estas acciones sean moralmente incorrectas. ¿Por qué
entonces es malo interferir, por buenas razones, con el aspecto
procreador de las relaciones sexuales?
Este
es un argumento a favor de la anticoncepción, basado aparentemente
en términos personalistas. Si nosotros hemos de una respuesta
efectiva a esto para mostrar lo radicalmente erróneo que es, yo
sugiero que nosotros también necesitamos desarrollar un argumento
personalista, basado en un verdadero entendimiento personalista
del sexo y del matrimonio.
Este
argumento a favor de los anticonceptivos está evidentemente construido
sobre una tesis esencial: que los aspectos unitivo y procreador
del acto matrimonial se pueden separar. Es decir, que el aspecto
procreador puede ser anulado sin que esto pueda de alguna manera
afectar el acto conyugal o disminuir su efecto inigualable como
un acto de verdadero amor y unión matrimonial.
Esta
tesis ha sido por supuesto, explícitamente rechazada por la Iglesia.
La razón principal del por qué para una conciencia cristiana resulta
inaceptable la contracepción, es la "conexión inseparable,
establecida por Dios... entre el significado unitivo y el significado
procreador, los cuales son inherentes al acto matrimonial"
(HV 12).
Pablo
VI afirmó esta inseparable conexión. No explicó, sin embargo,
porqué estos dos aspectos del acto matrimonial están tan conectados.
Yo pienso que, una reflexión serena es suficiente para llevarnos
a descubrir con facilidad las razones de esta afirmación y del
por qué la destrucción del aspecto procreador necesariamente destruye
el significado unitivo y personal.
El acto de unión
¿Por
qué está considerado el acto sexual la acción de darse a sí mismo,
llegando a ser la más distintiva expresión del amor matrimonial?
¿Por qué ese acto, el cual es apenas algo fugaz y pasajero, esta
particularmente considerado como un acto de unión? Después de
todo, los enamorados suelen expresar su amor y el deseo de estar
unidos de diferentes maneras: enviándose cartas, intercambiándose
regalos, tomándose de las manos, rozándose las narices, besándose....
¿Qué hace que el acto sexual sea único? ¿Por qué ese acto une
a los esposos de una manera como ningún otro acto lo hace? ¿Qué
hace que no sea simplemente una experiencia física sino una experiencia
de amor?
¿Será
acaso el placer especial que lo acompaña? El significado de unión
del acto conyugal, ¿está contenido únicamente en la sensación
intensa que éste produce? Si la relación sexual une a dos personas
simplemente porque ésta produce un placer especial, entonces,
sería factible que en alguna ocasión un hombre encontrara una
unión más significativa con una prostituta que con su esposa...
A esto podría seguir que, entre marido y mujer, el marido puede
entrar más profundamente dentro del significado del amor del acto,
presumiendo que el placer que él siente puede ser de mayor intensidad.
También podría decirse que el sexo sin placer no tiene sentido
y, que el sexo con placer, aún siendo homosexual, llega a ser
significativo.
No.
El acto conyugal puede o no estar acompañado de placer; pero,
el significado del acto no consiste en el placer del mismo. El
placer obtenido en la relación matrimonial puede ser intenso,
pero es transitorio. El significado de la relación sexual
matrimonial también es intenso, y no es transitorio; es duradero.
¿Por
qué debería el contacto de los órganos sexuales ser más significativo
que, por decir algo, el contacto de las manos o de los labios?
¿Por qué debería ser este contacto una expresión más intensa de
amor y unión? Seguramente, porque lo que sucede es que en ese
encuentro no solo se produce un contacto sino una comunicación
--una comunicación de algo real-- una ofrenda y una aceptación,
un intercambio de regalos.
La
naturaleza del acto matrimonial es compartir un poder.
Esto nos ayuda a reflexionar que aunque dos personas enamoradas
quieran darse a sí mismas el uno a la otra, este deseo de ellos
permanece en un nivel netamente voluntario y espiritual. Una persona,
en realidad, no puede entregarse a sí misma. La expresión más
grande de este deseo de darse a sí mismo es entregar la simiente
de su persona. "Toma lo que te doy. Esto será un nuevo yo.
Unido a ti, a lo que tú tienes para dar, tu semilla, esto será
un nuevo ‘tu y yo’, fruto de nuestro mutuo conocimiento y amor”.
En
términos humanos, esto es lo más cercano que uno puede llegar
en lo que se refiere a la entrega de sí mismo y la aceptación
del regalo del otro. Esta es la razón del por qué el acto matrimonial
expresa una unión y una relación única. Cada conyugue le dice
al otro: "Yo te acepto a ti como a ninguna otra persona en
mi vida. Tú serás único para mí y yo para ti. Tú y sólo tú serás
mi esposo, (o solamente tú serás mi esposa). Y la prueba de esta
exclusividad para mí es el hecho de que, contigo -y solo contigo-
yo estoy dispuesta a compartir este poder de dar vida dado por
Dios".
En
esto consiste la calidad singular del acto sexual. Una caricia
o un beso no van más allá del nivel de un mero gesto; quedando
únicamente como símbolo de la unión deseada. Pero el acto conyugal
no es un mero símbolo. En una verdadera relación matrimonial,
algo ha sido dado y aceptado; algo real se ha intercambiado.
Y allí permanece, como testigo de su unión y relación conyugal,
el semen del esposo en el cuerpo de su esposa [1].
Ahora
bien, si uno deliberadamente anula la orientación hacia la vida
del acto conyugal, uno destruye su poder esencial para significar
la unión. La contracepción, en efecto, convierte el acto matrimonial
en una mentira: "Yo te amo tanto, que contigo y solo contigo,
yo estoy dispuesto a compartir este poder único..." Pero,
¿Qué poder único? En las relaciones sexuales en que se utilizan
anticonceptivos, no se está compartiendo ningún poder único, excepto
el poder para producir placer. El acto sexual deja de ser algo
único y especial y se reduce solo a un acto de placer. Su significado
se ha perdido.
Más
aún, su significado es contradictorio. Como veremos ahora, el
esposo, al rechazar la fertilidad de su esposa, la rechaza a ella
misma como tal. Mediante el acto sexual, ella no se ha hecho más
especial para él que lo que podría ser cualquier otra mujer. Tampoco
él es más especial para ella.
La
relación sexual utilizando anticonceptivos, entonces es no solo
una acción sin significado; es una acción que contradice el significado
esencial del acto matrimonial [2]. Se podría comparar con ponerse
a realizar los movimientos necesarios para cantar sin permitir
que sonido musical alguno pase a través de los labios.
En
la verdadera unión matrimonial, los esposos están llamados a experimentar
la vibración de la vitalidad humana en su verdadera fuente. En
el caso de la "unión” por medio de los anticonceptivos, los
esposos experimentan una sensación pero no una auténtica vitalidad.
Ellos no se hablan el uno a la otra en un lenguaje verdaderamente
humano, no pronuncian una sola palabra con claridad. Ellos actúan
como si cantaran, pero no surge una canción de sus labios.
Amor sexual y conocimiento
La
auto-donación mutua y exclusiva del acto matrimonial consiste
en que es el regalo y la aceptación de algo único. Ahora, este
algo único no es solo la semilla (esto de hecho sería solo "biología"),
sino que es la máxima expresión de la sexualidad de la otra persona.
Y
fue en este contexto de que no es bueno para el hombre el estar
solo, que Dios lo creó un ser sexual. El creó al ser humano en
dos modalidades -hombre y mujer- con la potencialidad de llegar
a ser una trinidad. Las diferencias entre los sexos ponen de manifiesto,
por lo tanto, el plan divino de complementariedad, de planificación
y realización, así como también de perpetuación.
El
matrimonio es, entonces, un medio para lograr realizarse a través
de la unión. Los esposos se unen en un conocimiento y amor mutuo,
un amor que no es solo espiritual sino también corporal, y un
conocimiento que es parte del amor de ambos, el cual es, de igual
manera, no un mero conocimiento especulativo o intelectual; es
un conocimiento corporal también. Su amor matrimonial está también
supuesto a estar basado en un conocimiento carnal, siendo esto
completamente humano y completamente lógico. Cuán significativo
resulta este hecho, que la misma Biblia describe la relación sexual
matrimonial en términos de un "conocimiento" mutuo.
Adán en el Génesis dijo que conocía a Eva, su esposa. ¿Qué comentario
podemos hacer sobre el hecho de que en la Biblia la relación
sexual equivalente conocimiento? ¿Cuál es el conocimiento distintivo
que marido y mujer se comunican uno al otro?
Es
el conocimiento mutuo de su condición humana e integral como esposos
que son. Cada uno "revela" al otro su secreto más íntimo,
el secreto de su sexualidad personal. Cada uno se revela al otro
verdaderamente como esposo o esposa, y llega a conocer a la otra
persona de esa manera única de auto-revelación y auto-entrega
conyugal. Cada cónyuge permite que el otro le conozca y se entrega
él o ella como esposo o como esposa.
Nada
puede socavar más un matrimonio que el negarse a conocer y aceptar
completamente al cónyuge, o el no dejarse conocer completamente
por éste. El matrimonio está constantemente en peligro por la
posibilidad de que uno de los esposos guarde algún secreto, conservando
algo para si mismo que no desea que sea del conocimiento del otro.
Esto pude ocurrir en todos los niveles de la comunicación interpersonal:
tanto física como espiritual.
En
muchos matrimonios modernos hay algo en los esposos, y entre los
esposos, que cada uno de ellos no quieren conocer, que no quieren
enfrentar, que quieren evitar; y ese algo es su sexualidad. Como
un conjugue no permite que el otro le conozca carnalmente por
completo, él resultado es que no se conocen verdaderamente en
el plano sexual, humano o conyugal. Esto hace que su amor matrimonial
esté bajo una tensión existencial enorme que puede llegar a separarlos.
Solamente
una relación sexual abierta a la procreación, hace que los esposos
intercambien un "conocimiento" verdadero, que se revelen
el uno a al otra, en toda su potencialidad y realidad humana.
Cada uno ofrece y acepta, el conocimiento conyugal completo del
otro.
Por
lo tanto el amor sexual es el amor de la persona completa (tanto
del sexo femenino como masculino), es un amor de cuerpo y espíritu.
El amor es falso si el cuerpo y el espíritu no dicen lo mismo.
Esto es lo que sucede con la contracepción. El acto corporal
habla de una presencia de amor o de un grado de amor que después
es negado por el espíritu. El cuerpo dice "te amo totalmente",
mientras que el espíritu dice "te amo con reservas".
El cuerpo dice: "te busco", el espíritu dice: "`no
te aceptaré por completo@. O finalmente (como en la prostitución)
el cuerpo dice "te adoro", mientras el espíritu dice:
"te desprecio". La afirmación corporal es "soy
tuyo(a), eres mío(a)". La negación espiritual es "no
nos entregaremos uno al otro. Parecieras estar tomando mi cuerpo,
pero es un engaño: tú no me estás tomando a mí, y yo no te estoy
tomando a ti".
El
tener relaciones sexuales utilizando anticonceptivos es algo
peor que una mera pantomima. Es el lenguaje del cuerpo desfigurado,
expresa un rechazo por el otro. Al tenerlos, cada uno dice: "no
quiero conocerte como mi esposo(a), no estoy preparado para reconocerte
como mi cónyuge. Quiero algo de ti, pero no tu sexualidad; y si
tengo algo que darte, algo que te deje tomar de mí, no será mi
sexualidad".
Una
relación sexual conyugal normal afirma completamente la masculinidad
y la feminidad. El hombre se afirma a sí mismo como hombre y como
esposo, y la mujer de igual manera, se afirma a sí misma como
mujer y como esposa. En una relación sexual en la cual se utilizan
anticonceptivo, solo se afirma una sexualidad mutilada En su
sentido más auténtico la sexualidad no ha sido, bajo ningún aspecto,
afirmada. La contracepción representa tal rechazo de dejarse a
sí mismo ser conocido, que simplemente no hay conocimiento carnal
verdadero. Existe por supuesto, una profunda verdad humana, bajo
el principio teológico y jurídico que afirma que con la práctica
de las relaciones sexuales utilizando anticonceptivos, no se considera
consumado el matrimonio.
Lo
que las parejas que utilizan anticonceptivos están haciendo es
impedir que los alimentos del árbol de los conocimientos ellos
se niegan a nutrir su amor con la fruta del conocimiento sexual
mutuo; la cual está íntimamente enraizada con el árbol de la vida.
Cuando
una pareja casada normal tiene un hijo, se transmite la alegría
de ese hijo el uno al otro. Si su hijo muere, no hay alegría,
hay lágrimas, al pasarse uno al otro el cuerpo sin vida. Los esposos
deberían llorar cuando tienen relaciones sexuales utilizando anticonceptivos,
porque es un acto desolado, estéril, que rechaza la vida, la cual
es en sí misma la que hace mantener vivo el amor: un acto que
rechaza esa vida a la cual por naturaleza el amor de ambos busca
dar origen. Puede existir satisfacción física, pero no debería
haber alegría en pasar una semilla muerta, o en pasar una semilla
viva solo para matarla.
¿Por
qué es solo el sexo procreador, el que ayuda a realizarse?
Hasta ahora nuestro argumento ha sido que el sexo matrimonial
con el uso de anticonceptivos no produce realización. Pero, todavía
cabe preguntarse, ¿por qué solo se logra plena satisfacción con
el sexo matrimonial procreador? La respuesta está en la propia
naturaleza del amor [3]. El amor es creativo. El amor de Dios
(si podemos ponerlo de esta manera) lo “impulsó” a crear. El amor
del hombre, hecho a la imagen de Dios, también está supuesto a
crear. Si no lo hace se frustra a sí mismo. Si dos personas realmente
se aman, querrán hacer cosas juntos. Si es posible, querrán hacer
alguna cosa original juntos. Nada es más original para una pareja
enamorada que su propio hijo, la imagen y el fruto de su unión
[4].
La
relación sexual procreadora produce total realización también
porque solo en este tipo de coito los esposos están abierto a
todas las posibilidades: listos para ser enriquecidos y satisfechos
no solo por lo que está relación les ofrece, sino también por
lo que les exige.
Más
aún, la unión conyugal procreadora produce total realización porque
expresa el deseo del ser humano de perpetuarse. Lo expresa y no
lo contradice, como hace la contracepción. Es sólo basándose en
el deseo de dar vida, no en el deseo de dar muerte, que el amor
puede prosperar.
Hay
un último punto que debe ser tomado en cuenta. La cuestión que
estamos considerando es sumamente complicada debido a la fuerza
del instinto sexual. Sin embargo, solo una comprensión deficiente
vería este instinto como un mero deseo de experimentar placer.
Es un deseo de experimentar la propia sexualidad y la del otro
en toda su plenitud complementaria; en otras palabras, experimentar
la entrega, el darse a sí mismo, la complementariedad, el compartir
el misterio de la vida, la función procreadora, la auto satisfacción
plena [5].
La
vitalidad de la sensación en la relación sexual debería corresponder
a la vitalidad del significado de la misma (recordando, como hemos
dicho, que la sensación no es el significado). La capacidad explosiva
del placer sexual sugiere la grandeza de la capacidad creativa
de la sexualidad. En cada acto conyugal, debería haber algo de
la magnificencia de la creación de Miguel Ángel en la Capilla
Sixtina. Pero es el dinamismo, no únicamente de la sensación,
sino del evento: de algo que está sucediendo, de comunicar la
vida.
La
intensidad del placer debería corresponder a la grandeza consciente
de la experiencia. Me estoy entregando a mi mismo - mi poder creativo
de dar vida- no exclusivamente a otra persona, sino a toda la
creación: a la historia, a la humanidad, a los propósitos y designios
de Dios.
Esta
es una traducción del folleto “Life and Love in the Conyugal Act”,
publicado por Human Life International.
Notas:
1. En esta forma, en realidad, la exclusividad
de la decisión de casarse con una persona en particular se reafirma
en cada acto matrimonial. Por cada acto de verdadero coito, cada
cónyuge se confirma en su status único de ser el esposo
o la esposa del otro.
2. "La contracepción contradice la autenticidad
del amor conyugal", Papa Juan Pablo II, 17 de Septiembre
de 1983.
3. Véase el ensayo "Matrimonio en Crisis"
del autor en el L’Obsevatore (Edición en inglés), 24 de Septiembre
de 1976.
4. Esto es tan cierto que cuando una pareja
que se no tiene hijos, la primera sospecha es: no se aman el uno
a l otra.
5. A muchas personas jóvenes de hoy día
nunca se les ha dicho que si se sienten poderosamente atraídos
hacia una u otra persona del sexo opuesto, es porque hay algo
en él o en ella -y en ellos mismos- que si los dos se fusionan,
puede resultar en una nueva expresión de sí mismos.
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