La segunda revolución contraceptiva.
Aborto, contracepción y la era venidera de la coerción sofisticada
Suzanne
M. Rini
El furgón eugénesico de Rockefeller
Durante
casi un siglo, los descendientes de Rockefeller y la Rockefeller Foundation han sido
los patrones y agentes más visibles y consistentes del orden social
anti-cristiano, cuya religión, tal como Sir Julian Huxley prometió
hace mucho, es la eugenesia –la sistemática intervención social
y científica, en orden a mejorar el linaje racial humano a través
de la ingeniería social y genética. El Informe anual 1994 de la
Fundación anunció una «segunda revolución contraceptiva». La Fundación
ayudó a gestionar la primera revolución contraceptiva mediante
el financiamiento de Planned
Parenthood of America [Paternidad Planificada de América]
de Margaret Sanger,
como también a apoyar la investigación, desarrollo y distribución
de muchos productos contraceptivos o abortifacientes.
La campaña de propaganda “Las mejores intenciones”
El
anuncio de la Fundación denota un aparato multifacético ya operante.
En abril de 1995 the Institute of Medicine,
un organismo subordinado al National
Research Council [Consejo de Investigación Nacional] fundado
por los Rockefeller, publicó un estudio, The Best Intentions:
Unintended Pregnancy and the Well-Being of Children and Families
[1,2], financiado por diversos eslabones eugenésicos de larga
data -el U.S. Public Health Service [Servicio
de Salud Pública de Estados Unidos], la Carnegie Corporation, la Robert Wood Johnson Foundation- y un nuevo protagonista,
la Annie E. Casey Foundation.
The
Best Intentions es una campaña de propaganda cuidadosamente forjada
para inducir a los estadounidenses a elegir la «contracepción
a largo plazo», lo cual incluye el Norplant,
el Depo-Provera, anillos de dispositivos intratuterinos
(DIU), vacunas abortifacientes que causan «esterilización inmunológica”
[3] y algún día, raros contraceptivos masculinos y femeninos,
los cuales incluyen un «contraceptivo»
masculino que «detiene la producción de esperma», pero cuyos
efectos colaterales tendrán que ser contrarrestados con la «progesterona
esteroide femenina [4].
El falso anti-abortismo de la contracepción a largo plazo
La
premisa de The Best Intentions es que un 60% de los embarazos
en Estados Unidos son «no deseados» -el resultado de una contracepción
fallida o de ausencia de contracepción. El estudio advierte que
una focalización equivocada sobre el embarazo adolescente impide
comprender cuán ampliamente extendido está el «embarazo no deseado».
También remite el índice del 60% de «embarazo no deseado» a 800.000
abortos por año, y hace hincapié en que la «contracepción a largo
plazo», mucha de la cual es abortifaciente, prevendrían muchos
abortos.
De
este modo, los agentes del aborto descriminalizado se están oponiendo
ahora aparentemente al trágico número de bebés abortados anualmente
en los Estados Unidos. Inclusive en 1973, el Dr. John Knowles,
entonces presidente de la Rockefeller Foundation, pidió un aparato
para facilitar el camino para 1.400.000 abortos por año –un contador
de cuerpos pavorosamente preciso en 1995 [5].
The
Best Intentions reclama a todos los niveles de gobierno, e inclusive
a familias y educadores, que promuevan esta mutación hacia la
«contracepción a largo plazo», y pide a «fundaciones filantrópicas»,
como si fuesen extrañas, «que afronten este desafío” [6].
The
Best Intentions es la presentación suave de la «segunda revolución
contraceptiva». La presentación áspera provino de un think tank
eugenésico fundado (y financiado) por los Rockefeller, el Hastings
Center. El Informe de enero-febrero de 1995 del Hastings Center fue un suplemento
especial titulado Long-Acting Contraception: Moral Choices, Policy
Dilemmas [Contracepción de acción prolongada: Opciones morales,
Dilemas de política]. Surgió de un «proyecto de dos años sobre
la ética de los contraceptivos de acción prolongada” [7]. Las
«opciones morales» y los «dilemas de política» son pantallas de
humo verbales: la política ya ha sido elaborada detrás de puertas
cerradas, y las «opciones morales» serán las que el sindicato
Rockefeller defina y divulgue.
La coerción enmascarada como benevolencia
Los
sumos sacerdotes del Hastings Center parecen estar preguntándose
cómo superar el fantasma que los «contraceptivos» a largo plazo
sean «descartados por algunos como instrumentos de los prejuicios
de clase y de la coerción social eugenésica” [8]. Quizás simplemente
la correcta firma de relaciones públicas le dará a la coerción
un rostro feliz. El propagandista eugenésico Garrett Hardin consideró
este problema y ofreció sus recomendaciones: Ahora la coerción
es una palabra sucia para los liberales, pero no deberá ser así
por siempre. Al igual que con las palabras imprecatorias, su suciedad
puede ser limpiada y extraída mediante la exposición a la luz,
al pronunciarlas una y otra vez sin defenderlas o criticarlas.
Para muchos, la palabra coerción implica decisiones arbitrarias
de burócratas distantes e irresponsables, pero ésta no es una
parte necesaria de su definición. La única clase de coerción que
yo recomiendo es la coerción mutua, acordada mutuamente por la
mayoría de las personas afectadas [9].
Otra
de sus meditaciones a favor de la coerción afirma que: La libertad
para engendrar es también contraproductiva… más allá de un cierto
nivel de población o del índice de crecimiento poblacional… Si
queremos ser equitativos en la asignación del derecho a engendrar,
debemos decir que un individuo tiene tal derecho hasta que tiene
cierto número de hijos, pero no más. Más allá de ellos ha quebrantado
la ley [10].
“Más allá de la planificación familiar”
Así,
la «contracepción a largo plazo» es una forma de lo que Bernard
Berelson llamó «más allá de la planificación familiar». Este enfoque
ya en ejecución en los países en desarrollo, proporciona incentivas
a los que limitan el número de sus hijos de acuerdo con la evaluación
de los controladores de población, respecto a lo que es compatible
con el “desarrollo sustentable” [11].
El
aborto a petición era una medida de relleno, si bien una letal
y despiadada. La carencia era el medio de prevenir a las personas
para que no tuviesen niños. El aborto quirúrgico tenía que ser
el respaldo hasta que los contraceptivos preferidos, los métodos
abortifacientes y de esterilización se desarrollasen. Cuando estos
métodos lleguen al mercado, la disminución del aborto quirúrgico
formará parte de la campaña de relaciones públicas para alcanzar
una mutación voluntaria en la conducta que algún día detonará
en la coerción directa.
Durante
mucho tiempo las vacunas anti-fertilidad han estado vinculadas
a una política social reproductiva coercitiva. En 1971, en The
Case for Compulsory Birth Control, Edgar R. Chasteen, en ese entonces
miembro del consejo nacional del Zero Population Growth y miembro del consejo de
Planned Parenthood de Greater Kansas City, predijo que: Al asumir
que pronto podríamos tener una vacuna para inmunizar contra la
fertilidad, entonces sería posible inocular a todos los niños.
A diferencia de la vacuna antivariólica, que provee protección
para toda la vida, la vacuna anti-fertilidad tendrá que ser reversible.
Al casarse, la fertilidad podrá ser temporalmente restaurada por
otra inyección. Luego del número permitido de nacimientos, la
inmunidad permanente respecto a la fertilidad podría ser reestablecida
[12].
LOS
CONSPIRADORES DE LA «SEGUNDA REVOLUCIÓN CONTRACEPTIVA» nunca se
conservaron en secreto sus ideas. En un encuentro en 1978 en la
Rockefeller University se sugirieron vacunas como una estrategia
«más allá de la píldora” [13]. Eventualmente, esta solución se
habría basado en la frase pronunciada en 1973 por el Dr. Allan
C. Barnes (cuando él era uno de los responsables de la Rockefeller
Foundation): “El control de la muerte sin el control de la natalidad
es pura tontería” [14].
En
la década de 1970 se formó un consorcio para desarrollar las vacunas
y otros conceptivos de larga duración que ayudasen a reducir a
la mitad el índice de nacimientos vivos (la declamada meta de
la maquinaria de control mundial de la población). Este consorcio
incluía a:
-- La
Organización Mundial de la Salud, el Population
Council (financiado por partidarios de la eugenesia como la
Andrew Mellon Foundation, la Dodge
y la Rockefeller Foundations,
la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos
(USAID)
y los Institutos Nacionales de Salud) [15].
-- El
National Institute
of Immunology in New Delhi, [Instituto Nacional de Inmunología
en Nueva Delhi], India, financiado en parte por la Rockefeller
Foundation [16].
-- El
Programa CONRAD (Contraceptive Research and Development
/ Investigación y Desarrollo Contraceptivo) en la Eastern Virginia
Medical School, en Norfolk. Se ha orientado fundamentalmente a
los contraceptivos «anti-esperma»
diseñados para prevenir la fertilización [17].
-- El
National
Institute of Child Health and Development [Instituto Nacional
de la Salud y el Desarrollo del Niño], financiado por los contribuyentes,
especialmente su Contraceptive Development Branch [Rama del Desarrollo
Contraceptivo] en el Center for Population Research (Centro para
la Investigación de la Población) [18,19].
LAS VACUNAS ANTI-FERTILIDAD
Las
vacunas que ellos desarrollaron son abortifacientes. Más todavía,
el sistema auto-inmunológico de la mujer debe ser suprimido para
que los anticuerpos destructivos se desplacen e impidan la fertilización
o la implantación. Algunos científicos han dicho que inmunizar
a las mujeres contra sus propios bebés podría desencadenar nuevas
enfermedades auto-inmunológicas [20]. Estas «vacunas anti-fertilidad»
están en las pruebas de Fase III en Filipinas y en México, donde
han sido combinadas con inmunizaciones de tétanos aplicadas a
mujeres y a niñas pre-púberes, sin que ellas comprendiesen qué
estaba aconteciendo con ellas.
El
poder asesino de estas vacunas está bien disimulado. El investigador
en contracepción, el indio Dr. Gursaran Pran Talwar defendió a
la Organización Mundial de la Salud cuando ésta fue acusada de
causar abortos a través de la administración de la vacuna anti-fertilidad
en Filipinas y México. Talwar consideró al embrión un producto
«pre-fetal» no humano, por lo cual no se puede decir que ha sido
ultimado un ser humano que es asesinado desde el momento de la
fertilización hasta las ocho semanas de vida, sea por aplicación
de una vacuna o por un aborto quirúrgico. Él ha dicho que la vacuna
no es abortifaciente, sino que «intercepta la implantación del
embrión en el endometrio” [21]. La mujer vacunada contra el embarazo
nunca sabrá que ella estaba embarazada.
Este
articulo fue preparado para American
Life League y editado para Internet por el PhilFam Committee
(25 febrero de 1996) en: http://www.inoohr.com/articles/socialservices/anniecaseyeugenics.htm.
La
traducción al español ha sido realizada por José Arturo Quarracino.
Notas:
[1].
El National Research Council [Consejo de Investigación
Nacional] financió la investigación sexual fraudulenta de Alfred
Kinsey. Ver Foundations, Their Power and Influence, por
Rene Wormser (Devan-Adair: New York, 1958; segunda impresión 1977
por Angriff Press, Hollywood, CA). Ver también Kinsey, Sex
and Fraud, por la Dra. Judith A. Reisman et alii, (Lochinvar,
1990; distribuido por Huntington House, Lafayette, LA).
[2].
The Best Intentions: Unintended Pregnancy and the Well-Being
of Children and Families, Institute of Medicine, 1995 (National
Academy Press, Washington, DC).
[3].
«Abortion Vaccine Technology: Technological Overview and Pro-Life
Appraisal», por Lawrence F. Roberge, M.S., Catholic Family
News, July 1995.
[4].
«Future Contraceptives», por Nancy J. Alexander, en Scientific
American, Septiembre de 1995, p. 137.
[5].
«The Health System and the Supreme Court Decision: An Affirmative
Response», por John H. Knowles, M.D., en Hospital Practice,
Vol. 5, Nº 2, Spring 1973, pp. 113-116.
[6].
Institute of Medicine, News Release, April 27 1995.
[7].
Long-Acting Contraceptives: Moral Choices, Policy Dilemmas.
Hastings Center Report, Supplement, Jan-Feb 1995, p. 51.
[8].
Long Acting Contraceptives: Ethical Guidelines for Policy makers
and Health Care Providers, by Ellen H. Moskowitz, et alii,
Hastings Center Report, Supplement, Jan-Feb 1995, pp. 51-53.
[9].
Exploring New Ethics for Survival: The Voyage of the Spaceship
Beagle, by Garrett Hardin (Viking Press: New York, 1972),
p.261.
[10].
Ibidem, p. 201
[11].
«The Present State of Family Planning», por Bernard Berelson,
Studies in Family Planning, The Population Council, Nº
57, Sept 1970, pp. 1-11.
[12].
The Case for Compulsory Birth Control, por Edgar R. Chasteen
(Prentice Hall: Englewood Cliffs, NJ), 1971, p. 109.
[13].
«Beyond the Pill", por Ira Mothner, RF Illustrated, September
1978, pp. 12-13.
[14].
«Population and the Social Sciences», por el Dr. Allan C. Barnes,
RF Illustrated, June 1973, p. 6.
[15].
«Vaccination Against Pregnancy: Miracle or Menace», por Judith
Richter, Health Action International, August 1993, p. 14.
[16].
Ibidem, p. 15.
[17].
Ibidem.
[18].
Ibidem.
[19].
Alexander, op. cit., p. 141.
[20].
Ibidem, p. 37.
[21].
Entrevista telefónica-radial con el Dr. G. P.
Talwar, en el programa radial de Mel Acuña, en ZNN Radio Veritas
Asia, el 13 de julio de 1995. También en «Vaccine Not Causing
Abortion –Expert», por Diana Mendoza, en el programa Today,
9 de julio de 1995.
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