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El Fundador de Human Life International habla sobre el Santo Padre Juan Pablo II

 

Presentación del Padre Thomas J. Eutenuer, actual presidente de HLI

 

Estimada Familia de HLI y de VHI:

 

Agradecemos a Dios el testimonio tan grande que nos ha dado el Santo Padre Juan Pablo II. Ahora que su vida sobre la tierra ha concluido, su testimonio es aún más hermoso. Su último y mejor testimonio a favor de la vida tuvo una conexión directa con nuestra lucha por salvar a Terri Schiavo de la eutanasia. Muchos, incluyendo yo mismo, se han dado cuenta de la relación y el contraste que ha habido entre la muerte del Papa, ante la cual el Santo Padre se comportó con gran dignidad y entrega a Dios, y el asesinato de Terri, que se suponía fuese una muerte “con dignidad”. El Papa, que murió tres días después de Terri, de cierto modo hizo que la luz de su actitud ante su propia muerte brillara retroactivamente e iluminara la terrible experiencia de la ejecución de Terri. Esa luz constituyó su última defensa de la vida humana inocente desde la concepción hasta la muerte natural.

 

Tanto en la vida como en la muerte, el Santo Padre Juan Pablo II ha sido el “Papa de la Vida”, un testigo luminoso de la vida en un mundo lleno de tristeza.

 

Muchos de ustedes quizás no sepan que nuestro Fundador, el Padre Paul Marx, llamó a Human Life International (HLI) una “organización de Juan Pablo II”. El Padre Marx consideró que HLI, que fue fundada en 1981 durante el pontificado de Juan Pablo II, se formó en el espíritu del Papa de la Vida. El Padre Marx siempre agradeció al Santo Padre su reafirmación de la doctrina fundamental de la Iglesia acerca de la anticoncepción, el matrimonio y los temas provida. A continuación les resproduzco un fragmento de la autobiografía del Padre Marx, en la que muestra con toda clarida la gran estima que sentía por el Papa Juan Pablo II y cómo el propio Santo Padre le dio el nombre de “Apóstol de la Vida”. Por favor, siéntase libres de utilizar este testimonio en cualquiera de sus publicaciones, si así lo desean.

 

Dios les bendiga,

 

Padre Thomas J. Euetenuer,

Presidente

Human Life International

 

Reflexión del Padre Paul Marx, OSB, PhD, sobre el Papa Juan Pablo II

 

Conocí personalmente al Papa Juan Pablo II el 17 de noviembre de 1979. Me sorprendió cuando, al verme, me dijo: “Te conozco”. Yo había estado impartiendo conferencias a favor de la vida y en contra del aborto durante los últimos cinco años hasta ese momento. De vez en cuando las impartía en Europa, especialmente en los países de habla alemana.

 

Cuando Wojtyla fue Cardenal y Obispo de Cracovia; ocasionalmente leía acerca de un tal “Marx”, que estaba hablando en contra del aborto del otro lado de la Cortina de Hierro. El luchar contra el marxismo todos los días, le hizo pensar que quizás en el mundo tenía que haber aunque sea un Marx que fuera bueno –y ese era yo. En todo caso, el Papa me dijo en aquel encuentro: “Te conozco. ¿Tienes algo de Carlos Marx en ti?” Yo le respondí: “Sólo a través de Adán y Eva”. Y el Papa se sonrió.

 

Por aquellos días, el Santo Padre acababa de regresar de una gira por EEUU, donde, con toda claridad había condenado la anticoncepción en una alocución ante toda la jerarquía eclesiástica de ese país, que se había congregado para escucharle en la ciudad de Chicago. Le dí las gracias por haberlo hecho. Y le dije que había estado en 48 países (eso fue en aquel entonces, hoy son 91), y que en todos ellos había encontrado que la anticoncepción siempre e inevitablemente lleva al aborto, nunca había encontrado una excepción ni tampoco nadie que yo conocía la había encontrado. Mis palabras le llamaron poderosamente la atención, porque él también estaba completamente convencido de lo mismo, aunque en su caso, el descubrimiento había surgido de su experiencia como promotor de la planificación natural de la familia y de su labor en la preparación matrimonial en las parroquias de Polonia, y luego, en sus muchos escritos y conferencias.

 

Le detallé al Santo Padre mi convicción de que, no sólo la anticoncepción siempre lleva al aborto, sino que también la legalización del aborto hace que aumenten la fornicación y la promiscuidad sexual, lo cual a su vez hace que aumenten los casos de enfermedades de transmisión sexual, de infertilidad, las familias mono-parentales, los hijos fuera del matrimonio y el divorcio. La legalización del aborto, continué diciéndole, agota los servicios de adopción, prostituye las profesiones de la medicina y del derecho e inevitablemente conduce a la eutanasia.

 

Al final de mis comentarios, el Papa me dijo: “Tú tienes mucha experiencia. Debes llevar el movimiento provida a todo el mundo. Si lo haces, estarás haciendo la labor más importante de la Tierra”.

 

No siempre me doy cuenta de las cosas cuando estas ocurren. Tampoco me di cuenta en este caso. No fue sino hasta un par de horas después que caí en la cuenta de que, si la tasa de nacimientos es inferior al reemplazo en un país o en la Iglesia, que entonces evidentemente ese país o la Iglesia no tiene futuro. Toda causa buena en el mundo asume que la vida humana va a continuar, idealmente y como debe ser, como el fruto de esposos generosos que se entregan el uno al otro por amor en el matrimonio. Estaba plenamente convencido, y sigo estándolo hoy en día, de que el movimiento a favor de la vida y la familia es esencialísimo, que nada es más importante y que todo depende de él: sobre todo la Iglesia, el Estado y la humanidad.

 

Como una especie de resumen de las convicciones que había obtenido como fruto de mis experiencias, el Papa, en un breve encuentro que tuvimos en 1991, me llamó “el Apóstol de la Vida”.

 

Fuente: Padre Thomas J. Euteneuer, Presidente de HLI, HLI President’s Bulletin, 8 de abril del 2005; fragmentos del libro del Padre Marx, Faithful for Life: Autobiography of Fr. Paul Marx, OSB, Human Life International, págs. 159-162.

 

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